Gobierno de la Ciudad demanda a Basta de Demoler por defender una plaza histórica

November 20th, 2014 Comments off

El Gobierno de la Ciudad  presentó una demanda por “daños y perjuicios” contra la asociación civil “Basta de Demoler”, Santiago Pusso (vicepresidente) y Sonia Berjman, amparistas en la causa judicial que se inició para detener la destrucción de la Plaza Intendente Alvear en Recoleta (Av. Pueyrredón y Libertador), cuando se pretendía construir la estación de subte “Plaza Francia” en ese terreno.

Según el Gobierno, la intención de los amparistas fue “con el solo propósito de obliterar una obra pública destinada a la prestación de un servicio público”; y que estos procesos obstruccionistas “sólo pueden concebirse en el marco de una acción política que, so pretexto de proteger el medio ambiente, se dirigiera a impedir o entorpecer la gestión de gobierno y las obras dentro de la Plaza Alvear”.

 

Sobre la pésima intervención al entorno del Cementerio de la Recoleta: “El ridículo y lo ridiculizado” (Página12)

January 22nd, 2015 Comments off

Como entiende quien pase por el barrio, las obras del macrismo en Recoleta son un ejemplo difícil de empardar de baratura conceptual y material. La pasión que tiene el ministro de Planeamiento Urbano Daniel Chaín de nivelar aceras y calzadas lo llevó a extremos bastante ridículos. Nuestro Haussmann del tercer mundo hasta rompió la majestuosa entrada del cementerio para lograr esa nivelación. Pero lo que quedó estaba tan mal hecho que hoy da risa y pena.

Bolardo cementerio de la Recoleta

 

Por ejemplo, el empedrado, que tozudamente montaron sobre una cama de hormigón y estaba desnivelado desde el primer día, hoy bailó tanto que muestra baches ya profundos (una calle bien adoquinada tarda décadas en desarrollar estos agujeros). Y los bolardos de cemento, sujetados apenas por un fierrito, ya casi brillan por su ausencia porque los chicos del barrio notaron enseguida qué fácil era sacarlos y llevárselos rodando. Y ahora, la ridiculez de la obra fue ridiculizada aerosol en mano, en una suerte de instalación con las Bolas de Chaín plena de color, sonrisas y hasta florcitas.

Por supuesto, todo sigue como está porque en el PRO consideran que el mantenimiento es aburrido y que nunca hay que arreglar nada sin una jugosa licitación que permita pagar la campaña presidencial.

Bolardos rotos en Cementerio de la Recoleta

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Nota sobre “El robo de Buenos Aires”: la trama de corrupción, ineficiencia y negocios que les arrebató la ciudad a sus habitantes

January 22nd, 2015 Comments off

Lo de los adoquines es apenas una punta de alguno de los muchos ovillos que deja la gestión del PRO, madeja que ahora se puede seguir con más orden gracias a un nuevo libro de Gabriela Massuh. La autora, novelista, doctora en Filología, directora de la editorial Mardulce, directora por muchos años del Instituto Goethe y traductora del alemán, resulta una investigadora inesperada del sucio mundo del macrismo. Su libro lleva el duro título de El robo de Buenos Aires: la trama de corrupción, ineficiencia y negocios que les arrebató la ciudad a sus habitantes. Lo que sigue al título es lapidario por cierto y detallado.

La historia comienza con Massuh, tucumana, explicando cómo se tuvo que acostumbrar a una Buenos Aires que le resultaba “más violenta, más convulsiva, más sucia y más ardua” que las ciudades de su infancia. La vivencia urbana de la nena mudada a la Capital se compone de elementos familiares, de interminables viajes en colectivo, de visitas de compras al centro, de comparaciones entre urbes alemanas y provinciales, de geografías porteñas como las esquinas a evitar, las salidas de colegios pesados, la estrechez del departamento, las pintadas, las arboledas. La autora tuvo que alejarse de Buenos Aires para quererla y tenerla en sus sueños, una experiencia más común de lo que puede pensarse.

Y ahora, esta ciudad “tiene un alma exánime” porque está “convirtiéndose progresiva y vertiginosamente en desmemoria. La hemos destruido y nos ha desamparado”. El resultado es que nuestra ciudad es “el marketing de lo que alguna vez fue”.

A este arranque, más personal, le siguen capítulos duros sobre grandes negocios como Puerto Madero, que enriqueció a tantos menemistas, en el que se descubren cosas como que hasta 2007 no se preguntaba de dónde venía el dinero. En esas páginas Massuh establece con números que a nadie le importa ni le importó jamás que ese barrio exista, tenga habitantes o vida real, porque fue concebido desde el vamos como una inversión abstracta. La mitad de lo que se ve ahí pertenece a extranjeros que lo vieron en foto, gente que participa del giro internacional de capitales que buscan estacionarse en algún lugar rentable o al menos estable, que no haga demasiadas preguntas. De hecho, un especialista que se dedicó a vender muchos de esos departamentos define a Puerto Madero como “la mayor caja de seguridad del país”.

El libro, editado por Sudamericana, sigue con una larga comparación de modelos de ciudad que va de Berlín a París y se detiene en la Río de Janeiro rebelada contra el Mundial. El tema es la integración urbana, eso que hace que los que viven en una ciudad se sientan parte de ella y no apenas habitantes. En el debate uno se entera hasta de la denominación técnica de lugares como Nordelta: “urbanización cerrada poderizada”, en el sentido de creada a partir de dragados y control de aguas. En la comparación entre provincia y ciudad aparece claramente la vocación especulativa del macrismo, que promueve activamente el reemplazo de piezas urbanas por otras más grandes, dando hasta exenciones impositivas.

Lo que no deja a salvo a la provincia de Buenos Aires, que permite algunas de las mayores aventuras urbanas en Escobar y Tigre, emprendimientos de tal impacto que ya andan contando las especies a extinguirse. Estos emprendimientos tienen una característica común, la de usar tierra barata porque es inundable. La idea es “acabar” con las inundaciones canalizando las aguas, lo que es mostrado como progreso y hasta como un falluto caso de “reutilización de aguas de lluvia” supuestamente ecológico. La cosa es que se construyen ciudades sobre humedales necesarios para evitar inundaciones en otros sectores geográficos, lo que incluye, por ejemplo, el área urbana porteña: por algo se inundan esos campos.

El cuento continúa con la valorización del suelo urbano y el ataque al patrimonio edificado, todo contado con impecable lógica económica que revela que el valor de la tierra en Buenos Aires subió un quinientos por ciento en términos reales en apenas una década. En estos capítulos hay nombres familiares para los lectores de m2, de Basta de Demoler a Marcelo Magadán, e historias dolorosas de pérdidas de nuestro patrimonio. La novedad viene en la investigación de dos de los mayores especuladores inmobiliarios del país, Eduardo Costantini y Eduardo Elsztain, que incluye el enorme negocio por el que el Abasto se transformó en un shopping.

Nicolás Caputo es otra figura empresaria, “amigo y hermano adoptivo” de Macri, su asesor ad honorem y miembro firme de la mesa más chica que tiene el gobierno porteño. Su constructora es de las más beneficiadas por el PRO en funciones y es irritante seguir la lista de favores, contratos y contactos que recibe de nuestra ciudad.

Y la cosa termina con la incapacidad contumaz del gobierno macrista en ejecutar sus presupuestos, en la preferencia por elefantes blancos como el metrobús, por las diferencias estratosféricas entre lo que se presupuesta para obras y cualquier otro asunto de gobierno, en la peculiar mezcla de incompetencia y mala fe que tiñe todo. El panorama final es el de un gobierno chanta, clasista, snob y de una crueldad frívola hacia el que menos tiene, que se ocupa de tonterías para la foto mientras crecen las villas miseria.

El de Gabriela Massuh es un libro duro y útil, lleno de números que hay que recordar y de conceptos claros. Es la exposición de la economía y las prioridades de negocios del actual gobierno porteño, con lo que resulta la explicación final de pulsiones que de otro modo no se entienden.

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¿Reverdecer Buenos Aires? El Gobierno de la Ciudad se empecina en querer hacernos creer que la ciudad está reverdeciendo

January 22nd, 2015 Comments off

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El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se empecina en querer hacernos creer que la ciudad está reverdeciendo, en el sentido de hacerse ambientalmente más sustentable para la población. Aunque el concepto de ciudad sustentable tiene todavía significados diversos y/o comprende aspectos controvertidos, sin duda cualquiera que sea debe referir a una ciudad que brinde una vida integralmente más saludable a la población.

Sin embargo, observamos que varias políticas y medidas adoptadas por el gobierno porteño van en dirección contraria de un reverdecimiento de Buenos Aires, a saber:

  • Construcción de edificios que no solucionan el problema de la vivienda, sino que hacen de refugio de valor ante la falta de alternativas financieras.
  • Disminución de espacios verdes públicos (por cementación de plazas y senderos) y privados (por autorizaciones para ocupar espacios verdes).
  • Disminución del arbolado público.

Como consecuencia, se agrava la isla de calor, mientras los efectos del cambio climático resultan crecientemente devastadores (en 2013 hubo ocho muertos por inundación), ya que no hay obras estructurales que por sí mismas alcancen para evacuar hacia el río todo el agua de las tormentas. Como se frena la construcción de edificios y disminuyen los espacios verdes absorbentes, se puede prever que la problemática de las inundaciones tenderá a agravarse. Respecto de la isla de calor, ante el corte del suministro eléctrico, la propuesta del jefe de Gobierno fue comprar equipos electrógenos portátiles. Lo que no es una medida demasiado verde…

Otra cuestión en la cual el reverdecimiento parece una quimera inalcanzable es en materia de transporte de pasajeros. El tránsito vehicular se encuentra colapsado por el ingreso irrestricto y cada vez mayor de automóviles particulares. Ello provoca elevada contaminación atmosférica y sonora, y deja a las bicisendas y a los neometrobuses como una burda caricatura de transporte verde en medio de un caos ingobernable de tránsito.

Por último, en lo que respecta a la basura de la CABA, el gobierno porteño acaba de recibir un premio internacional del C40+Siemens en función de los (supuestos) avances alcanzados en la separación hogareña de residuos. Los que vivimos en Buenos Aires y sufrimos los vaivenes continuos de la pésima gestión de la basura –en la primera quincena de octubre hubo cuadras repletas de basura por el cambio de concesionario del servicio– nos damos cuenta de que ese premio se lo da Siemens para congraciarse con el GCBA y lograr contratos. Esto siempre en creciente divergencia con la Ley Basura Cero que preconiza la educación ambiental y participación ciudadana en la separación de residuos en hogares, en lugar de ceder el negocio a unas pocas grandes empresas que siguen lucrando en cuanto no se aplique la ley.

Es así que, antes que reverdecer la ciudad, considero que el GCBA intenta pintarla de verde con brocha gorda. Bastante cansados de semejante marketing sin sustancia, tal vez algún día los porteños no nos engañemos más.

* Licenciado en Economía Política UBA, Mg Sc en Ambiente Humano UNLZ.

Arq Porteña 202

Foto: Destrucción de plazoletas de la Av. 9 de Julio para construcción del Metrobús

Sobre el rescate del Petit Hotel de Combate de los Pozos 35: “Historia de una casa” (Página12)

January 22nd, 2015 Comments off

“La política a veces hasta da sorpresas, como la que salvó de la ruina total a un petit hotel en la calle Pozos.”

“Es por eso que el caso de una casa de la calle Combate de los Pozos que acaba de ser comprada por la Cámara de Diputados puede sacar al más resignado de sus expectativas. Es un caso de ejecutividad y velocidad para rescatar una pieza patrimonial, algo que raramente registra siquiera en la pantalla de nuestra vida política.”

Combate de los Pozos Foto internet

Foto: Internet

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“El monumento a Colón llegaría a Costanera Norte recién en 2016″ (La Nación)

January 21st, 2015 Comments off

 

Actualización sobre el monumento a Colón: “El subsecretario de Derechos Humanos porteño, Claudio Avruj, dijo a LA NACION que el traslado de monumento no se concretará hasta que la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal deje definitivamente sin efecto el amparo por inconstitucionalidad presentado por las asociaciones Basta de Demoler y el Círculo Italiano, contra el traslado de la estatua.”

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Sobre lo bolardos del Cementerio de la Recoleta: “Chain cambia sus bolas” (Página12)

January 15th, 2015 Comments off

Bolardo cementerio de la Recoleta

En Recoleta les dibujan caritas y tienen como broma ver quién las puede hacer rodar más lejos. En el paredón del cementerio ya las apilan y no falta algún par que tiene un tablón encima para hacer un banquito. Son las ridículas bolas de cemento que mandó a instalar el gobierno porteño en la dolorosa, absurda y fea remodelación del espacio público entre el cementerio y la calle Junín, que terminó con la destrucción de los mármoles del peristilo del cementerio para nivel calle y vereda.

Bolardos rotos en Cementerio de la Recoleta

Como estos bolardos de cemento estaban tomados con apenas unos fierritos, resultaron facilísimos de sacar y hacer rodar. En homenaje a nuestro Haussmann porteño, los vecinos les pusieron las bolas de Chain, por Daniel, el altivo ministro de Planeamiento Urbano. Pues se ve que el señor funcionario pasa por el barrio y decidió hacer algo al respecto. Este martes se abre la licitación 1708/SIGAF/14 que incluye el recambio de los bolones por los bolardos “bala de cañón”, además de crear nuevos puestos para un sector de la feria y un camino alternativo desde el peristilo al paseo Chabuca Granda, lo más preocupante. Ya que hace todo esto, Chain podría sacar el empedrado retorcido y mal puesto, que ya se soltó, y dar el ejemplo de demoler la carpeta de hormigón y hacerlo colocar como manda el arte, sobre arena. Total, alguien ya cobró el contrato por hacerlo mal y ahora le puede dar otro buen contrato por rehacerlo bien, ¿no?

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Sobre la poco feliz intervención del palacio Bemberg: “Entre el ridículo y la preservación” (Página12)

January 14th, 2015 Comments off

 

Los vecinos de Barracas lograron un paquete de catalogaciones, pero el caso del viejo palacio Bemberg alerta sobre el absurdo de las leyes tímidas que limitan, apenas, el negocio.

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Palacio Bemberg Montevideo 1250

La preservación de la arquitectura porteña es una criatura contradictoria, débil y manoseada por los intereses económicos de un sectorcito, el de la especulación inmobiliaria. Esta “industria” sólo piensa en crear metros cuadrados sin la menor atención a la calidad constructiva –caños de plástico, cementos mal puestos, materiales ínfimos– y mucho menos a la calidad conceptual de lo que construye. Al contrario de los que crearon nuestro patrimonio construido y pensaban también en hacerse ricos, a los de ahora no les da el piné ni para hacer una fachada. La tragedia de la destrucción de nuestros edificios es doble, porque perdemos los históricos y los reemplazan por edificios de baja calaña.

Como el gobierno del PRO es uno de especuladores, participa del negocio y lo protege del modo más simplista posible. Para comparar con una capital del capitalismo salvaje y ciudad a la que los macristas copian en lo visible, en Nueva York hay hectáreas enteras protegidas, barrios enteros –medio Brooklyn, un 25 por ciento de Manhattan– con las alturas trabadas para no romper el tejido histórico y manías socialistas como cobrarles a los especuladores lo que cueste adaptar la infraestructura a sus megaproyectos. Los macristas y sus socios en esa fenecida profesión, la arquitectura, se ponen bizcos cuando escuchan estos pecados.

Con lo que el armazón de protección patrimonial porteño es de una debilidad deliberada, una curita para salvar las apariencias y un sistema subordinado a la verdadera prioridad, que es la altura posible de construir en un lote. Excepto cuando se cataloga algo de un modo integral, preservando el edificio como un todo, se manda preservar la fachada y se deja demoler todo el interior e irse para arriba. El resultado es patético y absurdo.

Para este fin de año, el contraste entre protección “de curita” y protección efectiva queda violentamente mostrado por algo que pasó en Recoleta y algo que pasó en Barracas. El primer caso es doloroso y ridículo, y se explica porque fue atendido entre empresarios y macristas, con la gente reclamando desde afuera. El segundo caso es una alegría en la que los vecinos dieron una larga pelea y lograron resultados verdaderos.

El edificio de los Bemberg en Montevideo al 1200, frente a la plaza Vicente López, fue un caso fundacional en esta aventura de salvar los edificios. Ya a fines del gobierno de Jorge Telerman, en 2007, el flamante grupo Basta de Demoler presentó un amparo para preservar el bello edificio francés, alquilado hasta hacía poco por una dependencia judicial. Con gran crueldad, lo iban a demoler para hacer una torre vidriada de particular fealdad y mediocridad, un objeto intrusivo en un entorno donde todavía mandan edificios de época.

Basta de Demoler, con ayuda de la entonces diputada Teresa de Anchorena, encontró un argumento muy sólido para frenar el atentado. Resulta que el Bemberg estaba en trámite de catalogación en la Legislatura, pero el Ejecutivo había autorizado su demolición, una costumbre que ni el supuesto progresista Aníbal Ibarra ni el “cultural” Telerman se habían dignado cambiar. Los amparistas explicaron y la Justicia aceptó que eso era un conflicto de poderes porque una demolición por cierto impedía que los legisladores hicieran una ley de protección. La cámara, ante la apelación del gobierno de Telerman, no sólo confirmó sino que amplió a todos los casos el nuevo mecanismo: si la Legislatura consideraba un caso de catalogación, el edificio quedaba protegido hasta que se votara.

La empresa dueña del edifico Bemberg protestó y protestó, y se negó a cambiar el diseño, pese a que Anchorena hasta les alcanzó un diseño del clasicista Alejandro Moreno para mantener el estilo e irse hasta la altura máxima de un modo armónico. La firma no quiso saber nada, esperó a que se catalogara el edificio y ahí arrancó. No les fue mal, porque la Legislatura sólo aceptó preservar la fachada. La empresa demolió por completo el interior, hasta el último ladrillo, y construyó el bodrio de vidrio por adentro, ahorrándose los vidrios. Como puede verse en las fotos, hizo entrepisos para ganar metros cuadrados que asoman por el medio de las ventanas, y se fue para arriba con una caja… de vidrios.

Lo más absurdo es que todo este pastiche es vendido en la página web de la firma con un entusiasmo deprimente. El palacio Bemberg ahora se llama IQ Recoleta Plaza, y el primer absurdo es que IQ quiere decir cociente intelectual, en inglés. Ahí se afirman cosas como que “el objetivo fue recuperar un patrimonio histórico”, “conservar la arquitectura e identidad de esa época” y “embellecer nuestra ciudad”, todo fácilmente desmentible viendo las fotos de esta nota.

Luego se dice que con gran generosidad la firma mantuvo “las fachadas barrocas” del edificio; ni lo uno ni lo otro, porque ese frente no tiene nada de barroco y mantenerlo fue una obligación por ley que, como se dijo, la empresa aceptó de malísima gana. Para cerrar la comedia, se dice que “respetaron los vanos” y se preservaron las carpinterías, cosa visiblemente falsa por esos entrepisos y rejitas imitadas.

En violento contraste, Barracas está festejando una ley ómnibus de preservación de sus edificios, que muestra la potencia de los vecinos organizados. Como se sabe, ese sur porteño es un verdadero repositorio de arquitecturas porteñas, un arca, y después de muchos años de demoliciones despectivas logró bajar alturas, conservar piezas únicas y en general bajarles el copete a los especuladores. Tan fuerte es la tendencia ahora, que hasta lograron que se catalogaran edificios con los frentes pintados o con agregados. En lugares como el CAAP, que descarta o acepta las propuestas, son tan “puristas” que consideran que cualquier edificio al que le hayan hecho el menor cambio es demolible. Pero en la lista de Barracas está el hogar de ancianos de Montes de Oca 284, con un tercer piso de cubierta liviana agregado, y la esquina de Cochabamba 592, con una gran habitación en la terraza.

Las cuarenta piezas protegidas incluyen tipologías que ya están en riesgo de desaparecer, como la esquina de Cochabamba 502. Es uno de esos edificios a la italiana, bien decimonónico, con local abajo y balcón corrido arriba, criollo y europeo a la vez, que los especuladores parecen odiar en particular. E incluyen edificios por los que nadie debería temer, como el Normal 5 de Arcamendi al 700, ya que un Estado responsable por la cultura sería una garantía. Pero hasta los colegios hay que preservar por ley, para que el macrismo no los destruya con contratos para los amigos o aulas container.

El único problema que tienen estas preservaciones es que comparten con el bodrio de IQ la característica de ser apenas cautelares. Y si no se bajan las alturas en estos casos, lo que se logra es un ridículo como el pastiche de la calle Montevideo al 1200

Nota de Opinión “Buenos Aires que desaparece” (Página12)

January 14th, 2015 Comments off

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(…)

Progresar no es demoler. Es en primer lugar valorar lo que se tiene, cuidarlo y cambiar lo que no sirve. Por ahí no todas esas casitas que desaparecen todos los días en Buenos Aires tienen valor arquitectónico, aunque sean mucho más lindas que las cajas de ahorro con ventanas que se construyen deliberadamente. Pero tienen un gran valor urbanístico, que tal vez sólo sea reconocido cuando ya no esté.

Lo que se demuele en Buenos Aires todos los días es precisamente su qué sé yo.

(…)

Tras la demolición de su casa: “Lo que reemplaza a Alfonsina” (Página12)

January 12th, 2015 Comments off

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La casa de Alfonsina Storni fue demolida sin piedad ni consideración, en un trámite borroso que generó amparos, contraamparos y una causa que sigue. Sin embargo, la foto demuestra que la obra que reemplazará la casa de barrio en Floresta sigue adelante. Según los vecinos, el lugar ya fue inspeccionado sin problemas ni clausuras, con lo que la Ciudad debe considerar que todo está en regla. Vale la pena subrayar, además, que se cumple la regla de la construcción actual: se destruye una casa con estilo y buenos materiales para reemplazarla por algo barato mental y materialmente.

¿Por qué el gobierno porteño nivela las calzadas con una cama de hormigón armado?

January 12th, 2015 Comments off

“Un misterio Resuelto”  Página12

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Quien pase por Diagonal Sur y Bolívar verá un gran cartel anunciando la “reposición” de adoquinados en esa zona histórica y semipeatonal. Hará bien el porteño en sospechar del cartel, porque no se trata de un empedrado real sino del empedrado “a la PRO”, con una buena cama de hormigón armado por abajo, perfectamente impermeable e inútilmente rebuscado. ¿Por qué hace esto el gobierno porteño? ¿Por qué no empedrar a la antigua, con un nivelado del terreno, una capa de tierra floja, arena y piedras? La razón es simple y previsible: la técnica antigua es más barata y no permite dar los contratos en base a cuotas de amistad, de apoyo a las empresas, porque exige alguna habilidad específica, algún saber y personal entrenado.

La novedad del asunto es que el empedrado, pegado con cemento arriba del hormigón, no está tan cómicamente desparejo como el de otras calles, notablemente del pedazo de Junín frente a la Recoleta. Sucede que los adoquines no son ni remotamente iguales, apenas parecidos, porque se contaba con que podrían hundirse tranquilos sobre la tierra y que una aplanadora dejaría la superficie que, más de un siglo después, sigue pareja y en uso.

Pero al ponerlos arriba del hormigón, de lo más duro, se nota la diferencia de tamaño en las piedras, con lo que se traquetea de mala manera desde el día de estreno. No es el caso de estas cuadras de Bolívar, porque los macristas por fin encontraron una solución satisfactoria, por lo cara y complicada, al problema.

Ahora cortan cada piedra a máquina, de modo que tengan una base plana y sean del mismo tamaño. Aun así parece que desconfiaban del asunto, porque frente a la iglesia de los jesuitas hay un tramo de la pseudo peatonal con baldosones de vereda, formando una suerte de atrio. Los fieles no tienen más que esquivar los bolardos de metal –también dejaron de usar las bolas de Chaín, de cemento y fáciles de remover– para entrar a misa.