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Archive for the ‘Ley 3056, Ampliación de la ley 2548’ Category

“Cosas que perdemos: Un nuevo truco de los especuladores permite falsear los datos de la misma Ciudad para demoler.” (Página12)

May 20th, 2015 Comments off

Cosas que perdemos

Un nuevo truco de los especuladores permite falsear los datos de la misma Ciudad para demoler. Otro es más tradicional, y consiste en abandonar edificios hasta que sean ruinas.

“Hayun nuevo truco, seguramente muy rentable, que los especuladores están encontrando para poder demoler lo que no deben y que se basa en la debilidad y el descaso del mecanismo de protección del patrimonio. Como ya se sabe hace rato, el macrismo en funciones no tiene el menor interés en cuidar lo nuestro y mucho menos en trabarle algún negocio a su industria mimada. Pero como los vecinos cada vez más prestan atención y vigilan su ciudad, se puso más difícil dar “excepciones”, hacer la vista gorda o simplemente firmar los papeles sin mirar. Los casos más recientes de disparates jurídicos tienen en común involucrar edificios grandes, de empresas poderosas, capaces de “allanar” a cualquiera.

Con lo que los más chicos tuvieron que buscarse sus vueltas, que de algo hay que vivir. La nueva es alterar la información de la base de datos de APH de la misma municipalidad, un programa de acceso público que idealmente debería incluir la información de todo objeto urbano, sea casa, edificio, plazoleta, lote o torrezota. En general, esta base funciona bien en lugares establecidos e incluye la información de niveles de protección o catalogación, de modo que hasta alguien que esté buscando comprar pueda enterarse en qué se mete. Pero claro, la información exacta parece limitarse a zonas ya maduras, donde no hay espacio para el salvajismo barato.”

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“Alturas de Buenos Aires” Vecinos de la Comuna 10 buscan controlar las alturas en sus barrios. (Página12)

April 7th, 2015 Comments off

Alturas de Buenos Aires

De cómo la Ley Abrevaya volvió a la vida de la mano de los vecinos de la Comuna 10, que buscan controlar las alturas en sus barrios

Uno de los dogmas más berretas de la industria de la construcción –especuladores, sus proveedores y arquitectos a sueldo– es que la altura y la densidad urbana son lo que necesita la humanidad. Como a los que pagan les importan un pitillo estos temas intelectuales, les dejan la discusión a los que cobran, que inmediatamente revierten a sus años de facultad: hablan en el aire y no se dan por enterados de la ciudad real ni aunque tengan que gritar por encima del tránsito.

Este supuesto debate es tan burdo, que hasta se usan conceptos cuerdos para justificar las torres. Por ejemplo, los ecologistas serios cuestionan los suburbios y los countries por el enorme desperdicio de recursos, por la obligación de usar autos que crean físicamente y por la cantidad de tierra que devoran. Este es un argumento a favor de la vida urbana, que con mayor densidad genera una mayor economía de recursos energéticos, naturales y constructivos.

Pero no es un argumento a favor de transformar a Buenos Aires en una suerte de Hong Kong o, más probable, de San Pablo. Estas anarquías espectaculares fueron construidas, respectivamente, por la falta de espacio y la falta de límites a la industria favorita del macrismo. El resultado es agobiante, sucio, inhumano y muy rentable para los que lo originaron.

Con lo que no extraña que los vecinos de esta ciudad estén por delante de los especuladores y sus empleados, exigiendo un límite de los fuertes a las alturas porteñas. Es una gran idea, porque con una medida se solucionan varios problemas muy reales y críticos: se salvan piezas patrimoniales por el simple expediente de no permitir grandes edificios donde hay casas (se cambia la lógica económica), se modera la cantidad de autos en las calles y se baja la sobrecarga en la infraestructura urbana.

Un caso concreto permite apreciar esta inteligencia vecinal. Resulta que en 2010 el entonces diputado porteño Sergio Abrevaya había presentado un proyecto de ley de esos que son como el ajo para los vampiros. Abrevaya proponía bajar la altura máxima permitida en todos los barrios residenciales a nueve metros. La idea era muy simple a propósito, ya que legalmente toda zonificación “Rb”, residencial, pasaba a tener un tope de nueve metros sin peros ni discusiones. Como el Código Urbano es deliberadamente confuso y bizantino, los especuladores y sus socios en el gobierno –en éste sobre todo, pero en los anteriores también– siempre le encuentran la vuelta a subir con los edificios. Hay tangentes, enrasamientos, anchos de avenidas, excepciones y simples creatividades poéticas para sacar un pisito de más. Abrevaya explícitamente eliminaba toda posibilidad de interpretación y poética legislando que nueve metros son nueve metros en todo lugar y lote.

El proyecto fue odiado por el macrismo y murió. Abrevaya preside hoy el Consejo Económico y Social, esa entidad multisectorial y pluripartidaria que está estudiando la ciudad como pocas veces se hizo, y es precandidato a jefe de Gobierno. Resulta que los vecinos de la Comuna 10 se enteraron de ese proyecto de ley, mientras buscaban maneras de frenar la ofensiva de las torres en sus barrios. Como se detalló en este suplemento, un símbolo de esa ofensiva es el proyecto de TGLT en la fábrica Hüser de Floresta, una mole enorme en un barrio donde todo tiene planta baja y a lo sumo primer piso. Pero la entrada de las torres en este barrio y en otros consiste fundamentalmente en una gran cantidad de edificios de ocho, diez u once pisos en las avenidas, más todas las excepciones, FOTs de parcelas englobadas y triquiñuelas de código posible. El macrismo en funciones siempre acepta estas cosas.

Abrevaya y los vecinos se juntaron y de ahí surgió un proyecto de ley muy novedoso y detallado para los barrios de Villa Real, Versalles, Floresta, Monte Castro, Vélez Sarsfield y Villa Luro. Quien conozca estas áreas sabrá que consisten en un gran área residencial, de las que tienen kilómetros de cuadras de casas y más casas, abundantes jardines y pocos comercios, excepto en avenidas como Jonte o Nazca, que funcionan como sus centros. De hecho, estos barrios gravitan comercialmente hacia Flores o Villa del Parque, “Centros” subsidiarios donde hay entretenimiento, comercio y servicios.

Lo que buscan los vecinos es limitar usos, como prohibir los hoteles y pensiones, pero sobre todo retomar el tema de las alturas. El proyecto de ley retoma la idea de los nueve metros como máximo absoluto en todas las calles y todos los casos, sin excepciones ni contextos que valgan. La altura máxima en avenidas bajará de 18 a 12 metros, con un detalle importante: que esa altura máxima es aplicable a avenidas E3, o sea avenidas “de verdad”, anchas y con tránsito hacia otras zonas de la ciudad. Las avenidas “truchas”, sólo de nombre –como por ejemplo la parte estrecha de Dorrego, en Colegiales– tendrán la altura máxima de una calle, que es lo que son en la vida real.

¿Tendrá aire este proyecto? Los vecinos de la Comuna 10 prometen que sí y diagnostican que es la única manera de parar la destrucción de sus barrios. En año electoral, tienen varios huecos por donde colarse y lograr una de las tantas cosas que el PRO no quiere que ocurran.

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“El desalojo de la Casa Pantano” (Página12)

April 7th, 2015 Comments off

El viejo barrio del Abasto está viviendo un clarísimo proceso de gentrificación, fea palabreja que designa el reemplazo de una población de un sector urbano por otro más rico. El Abasto fue de clase obrera y especializado en el comercio de ese mercado, pero desde que el formidable edificio se transformó en shopping, arrancó el negocio inmobiliario con todo. Quien lo recorra verá los agujeros de este “despegue”, la pérdida de personalidad del barrio, la destrucción sistemática de piezas patrimoniales, la ausencia de bares y restaurantes baratos, la aparición de torres brutas y edificios tontos.

Lo que no se ve tanto son los desalojos, la expulsión de los vecinos de antes para crear estos negocios inmobiliarios. Con lo que la Casa Pantano es un ejemplo visible de lo que pasa todo el tiempo, y sólo porque sus habitantes decidieron dar pelea y no dejarse correr. La Pantano es uno de los ya raros edificios de renta de fines del siglo 19 que nos van quedando, una gran fachada italianizante en Carlos Gardel 3151 que esconde largos patios con galería y piezas de techos altísimos. Los vecinos de Abasto cuentan que el inquilinato pertenecía a una señora que, típicamente, cobraba cada semana pero no arreglaba el edificio, total era viejo. Ante el reclamo de los habitantes, la dueña vendió.

La Pantano está en la cuadrita “tanguera”, una puesta en escena urbana de bastante poco gusto inventada por el gobierno porteño para que los turistas se saquen fotos. Poca cosa, pero alcanzó para que los especuladores compraran la Pantano para destruirla y vender una torre por la ubicación. Un problema era que el caserón tenía una catalogación estructural, que impide hacerla desaparecer, pero eso se solucionó rápidamente bajándola a cautelar, que sólo obliga a preservar la fachada. Para algo hay amigos, ¿no?

Falta, sin embargo, sacar a los inquilinos y también bancarse la lupa del cambio administrativo de nivel de catalogación. El primer capítulo arranca mañana a las 17 en la puerta de la Pantano, con una movilización de los vecinos, una radio abierta, juegos para chicos y la presentación de un proyecto para que la casa se transforme en un museo de la vivienda social. Convocan 16 organizaciones sociales, comuneras y legisladores porteños

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“El petit hotel de María Julia” (Página12)

April 7th, 2015 Comments off

La comunera de Recoleta Gabriela Castillo (FpV) se presentó ante la Justicia y logró este jueves una precautelar que suspende la demolición del petit hotel de la calle Junín que fuera el sueño de María Julia Alsogaray. Pese a la ley Anchorena, que protege este tipo de edificios en ese barrio, el gobierno porteño había autorizado la demolición total de la casona en estilo francés de cuatro plantas.

El juez Guillermo Scheiber le ordenó al Gobierno de la Ciudad que “suspenda de manera inmediata los efectos de la autorización de demolición otorgada para el inmueble sito en la calle Junín 1435 de esta Ciudad y adopte las medidas necesarias para que se suspendan de inmediato las tareas enderezadas a ese fin, y (ii) a la empresa demoledora ROCIO VIAL SRL y a la Directora de Obra, Nilda Justa Cisneros, que de manera inmediata suspendan la demolición del inmueble”.

Scheiber hasta hace una reflexión interesante en sus fundamentos, explicando que “el principal interés a tutelar en el caso radica en asegurar la no frustración de la adecuada protección de los bienes colectivos involucrados en autos en los términos de las normas constitucionales y legales referidas que han merecido un calificado tratamiento por parte de los órganos representativos. En tal sentido, no puede desconocerse que el barrio de Recoleta posee características tipológicas muy determinadas que lo singularizan y convierten en uno de los espacios distintivos de la Ciudad, destacado por propios y extraños y fomentado turísticamente por el propio Gobierno de la Ciudad”.

Castillo festejó el fallo diciendo que “pone un límite a la voracidad de las presiones inmobiliarias, que en su afán de construir quieren arrasar con el patrimonio histórico y arquitectónico de Recoleta. Esta vez le tocó al petit hotel de María Julia, uno de los iconos de la corrupción menemista, que estaba siendo demolido en flagrante violación de toda la normativa de Protección Patrimonial”.

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Una cuadras, dos demoliciones polémicas; ¿Cómo se autorizo la demolición del Petit Hotel de María Julia?; “Un símbolo del menemismo” (Página12)

March 15th, 2015 Comments off

La residencia de Junín 1435 estaba en buen estado de conservación y protegida por ley, pero está siendo destruida para construir un edificio. El embargo de 2000, el remate de 2009 y el cambio de manos de la casa.

(…)

El petit hotel fue vendido en 2009 en subasta pública por algo menos de un millón de dólares, un 40 por ciento menos de lo que se calculaba fuera su valor de mercado. El edificio permaneció cerrado, aunque fue discretamente ofrecido en alquiler para cualquier negocio hotelero o gastronómico, o como sede empresarial. Para 2012 estaba nuevamente en venta, a casi dos millones de dólares, y en algún momento de 2013 cambió de manos.

El destino final del edificio es su desaparición, pese a la protección patrimonial que debería proteger aunque sea su fachada. Como todo edificio construido antes del primero de enero de 1941, la casa de la calle Junín tiene un trámite especial y no puede ser demolido sin aprobación de un ente específico, el CAAP. Pero por su ubicación en la Recoleta, el petit hotel ya está protegido por una ley que protege ese tipo de edificio en ese barrio. La ley fue impulsada en la Legislatura porteña por la ex legisladora Teresa de Anchorena. Pero el petit hotel de Junín 1435 obtuvo el permiso de demolición como si no existiese la ley Anchorena.

Para mayor confusión, hay graves problemas con las fichas catastrales del edificio, como denunció la ONG especializada Basta de Demoler. En la base de datos de la Ciudad resulta que no existe el 1435 de Junín, pero para compensar figuran dos fichas con el número 1445. Una indica la correcta ubicación, por sección, manzana y lote, de la casa de Alsogaray; la otra ficha identifica un edificio de departamentos que realmente tiene en la puerta la dirección 1445. Pero el cruce o confusión sigue, porque el petit hotel figura como “desestimado” por el CAAP, con lo que se puede demoler, pero el edificio de rentas figura como protegido con una catalogación de grado cautelar, que obliga a mantener la fachada.

El último detalle irregular de la obra es que al pie del andamio que cubre la fachada del petit hotel figura un permiso de demolición con el número 17.617.923/14. Ese número es inhallable en los registros públicos de la autoridad que los emite, la Dirección General de Registro de Obras y Catastro.

Que un petit hotel de valor patrimonial en excelente estado de conservación sea demolido pese a que exista una ley que específicamente protege aunque sea su fachada ya es costumbre en un barrio que sufre tan fuertes presiones inmobiliarias. En la misma cuadra, unos metros más hacia Pacheco de Melo, ya está en venta un pequeño edificio blanco que se alza sobre otra demolición de otro petit hotel que también tenía su fachada protegida.

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Nota sobre las irregularidades en demoliciones de Junín al 1400; “El de Alsogaray también” (Página12)

March 15th, 2015 Comments off

Hay calles que parecen malditas, ya sea por sus problemas o por sus ventajas. Parece ser el caso de la calle Junín, que en su cuadra del 1400 desarrolló un imán para los especuladores inmobiliarios. A esa altura, tranquila y residencial aunque con mucho tránsito, la pobre Junín ya había perdido un petit hotel, demolido ilegalmente para construir un edificio penoso en su falta de toda idea arquitectónica. Ahora está perdiendo otro petit hotel, este notorio, porque en el 1435 vivía nada menos que María Julia Alsogaray, y ése era el hogar que venía preparando para cuando dejara de ser multifuncionaria polirrubro del menemismo.

El 1435 fue legendariamente remodelado con los niveles más exigentes y bastaba echarle una ojeada para entender su vastedad como vivienda de una persona sola: dos pisos principales, uno de servicios y garage en la planta baja, un tercero con un gran balcón-terraza en retiro a la calle. La obra se paró cuando Alsogaray fue procesada y luego condenada por corrupción, y fue rematado judicialmente en 2009 por una buena cifra, 3.584.000 pesos, un par de millones por debajo de lo que hubiera costado por inmobiliaria, pero en fin.

Quien pase ahora por la cuadra lo verá tapado por andamios, en plena demolición. Basta de Demoler se movilizó por el caso y descubrió que, para variar, el gobierno porteño hizo lo suyo para facilitarle la tarea al especulador de turno. La confusión arranca cuando alguien busca en la base de datos de la propia Ciudad la ficha catastral de Junín 1435, y se encuentra con que según el gobierno macrista no existe tal dirección. Como para compensar, sí hay dos fichas para Junín 1445. Una de esas fichas, con el número de puerta 1445, habla de la sección 11, manzana 058 y parcela 018. Esa es la buena, porque en esa dirección hay un edificio de renta con ese número de chapa. Pero los datos están falseados, porque dice que el edificio tiene una protección cautelar del catálogo preventivo.

La otra ficha con el 1445 es la del 1435 de la vida real, el de la misma sección 11, la misma manzana 058 pero la parcela 019. Ahí está hasta la fotito del petit hotel y la advertencia, bajo “Protección, estado de trámite” de que el edificio fue desestimado por el inefable Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales, el CAAP, que tan poco hace por el patrimonio local. A quien conozca el ente no le extrañará que “desestime” una casa francesa de frente impecablemente conservado, con todas sus molduras y balustres, sus herrerías, celosía y amplio portón de madera en su lugar.

¿O será que se confundieron con el 1445 de la otra ficha, que dice que sí está catalogado? ¿Y pensaron que el petit hotel era el edificio más nuevo?

Para más confusión, resulta que el CAAP ni debería haber sido consultado, porque el petit hotel del 1435 tiene su protección independiente, en la ley que protege esa tipología en el barrio de Recoleta. Esta ley fue impulsada por Teresa de Anchorena, por entonces legisladora y presidente de la Comisión de Patrimonio, creada por ella misma. De ninguna manera esa ley indica que el CAAP debe ser consultado porque simplemente cataloga un grupo de petit hoteles.

Para complicar todavía más las cosas, resulta que en la puerta de la obra figura un permiso de demolición total con el número 17.617.923/14 (la enormidad del número da una idea de cuánto perdió nuestra ciudad). Pues resulta que ese permiso no aparece por ninguna parte en los registros públicos de la Dirección General de Registro de Obras y Catastro.

No es la primera vez que este tipo de escamoteos burocráticos y confusiones terminan en la pérdida de un edificio. Ni siquiera en esta cuadra: con el mismo mecanismo de consultar al CAAP cuando no corresponde, a pocos metros del petit hotel de Alsogaray se cargaron otro que tenía una cautelar. Los nuevos dueños contrataron a un gestor que logró que ni siquiera tuvieran que preservar el frente. El gestor le hizo juicio por calumnias a este suplemento cuando se publicó la historia.

“Para liberar terrenos” (Página12)

March 15th, 2015 Comments off

El Círculo Obrero de Santa Lucía, en Barracas, vuelve a estar en peligro, porque el macrismo, en lugar de cumplir la ley, busca cambiarla. Un ejemplo clarísimo de las prioridades de su gestión.

El gobierno de Mauricio Macri nunca pudo digerir el todavía débil andamio de protección al patrimonio porteño. Por sus intereses económicos, por los de sus amigos y colegas del sector, y por la ideología zonza y conveniente que defienden tantos profesionales, la idea de patrimonio del macrismo es la del monumento en la plaza, la iglesia antigua, alguno que otro edificio público que no se puede demoler de todos modos, y grandes edificios que no es negocio destruir, por grandes nomás. El resto, las casas y los pequeños edificios que forman el tejido porteño, son culpable de “no realizar su carga edilicia”, la manera elegante de señalar que son un negocio perdido porque ahí se podría hacer un edificio alto.

Es por eso que el Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales parece un Opus Dei de la piqueta y lograr que sea menos blando es una lucha de titanes, como bien sabe Jaime Sorín. Y es por eso que el macrismo en funciones odia a grupos como Basta de Demoler y busca callarlos con un juicio y brutal. Y es por eso que Macri en persona firmó el proyecto de ley 3541-J-2012, que la Comisión de Planeamiento de la Legislatura ya aprobó, disciplinada con los intereses que representa. El proyecto busca sacar de la lista de protecciones a varios cientos de edificios con protecciones cautelares y liberar cientos de negocios para el sector. Que se haga a costa de la misma identidad física de los porteños, de su ecología construida, es irrelevante. Hay buenos cheques en camino.

Para demostrar el nulo nivel intelectual de la idea y dejar en claro que se habla de dinero puro y duro basta ver la denuncia de Proteger Barracas sobre un edificio que la ONG defendió y defiende con particular amor. Es el Círculo Obrero de Santa Lucía, que tiene la desgracia de estar sobre una avenida, Montes de Oca 318, pleno Barracas y sobre un terreno que da para una gran torre con sus más de catorce metros de frente y más de setenta de fondo. El Círculo fue picado, asediado, vandalizado para ser demolido por gente que sabe lo que hace y sobre todo lo que quiere. Y ahora el mismo jefe de Gobierno lo incluye en su proyecto afirmando que carece de valores patrimoniales e históricos.

Esta fallutada puede ser desmentida, irónicamente, usando documentos del mismo Gobierno porteño que preside el ingeniero civil Macri. La lista de edificios a liberar fue compilada por la sección “realista” de la administración porteña, la que representan el ministro Daniel Chain y su secretario Héctor Lostri, cabezas de la “línea de la industria” que va del mismo jefe “al último de los directores generales”, al decir famoso de Lostri. Y es verdad, de Macri al “último”, son todos profesionales en esto de demoler y construir del modo más especulativo posible. Nunca hay que olvidar que la única vez que Macri Jr. tuvo algo parecido a un trabajo en la vida real fue como cabeza de la empresa familiar dedicada a la construcción.

El problema es que la sección “idealista”, la de Cultura, fue capada y condenada al silencio en materia patrimonial, pero le permitieron seguir en su actividad más tradicional, la de hacer informes y publicar libros. Esta es una suerte de paritaria para funcionarios, donde los “realistas” hacen y cobran, y los “idealistas” escriben, suspiran y van a congresos, si es posible en el exterior. Con el ministro de Cultura que tenemos, se garantiza por completo que el sistema funcione sin protestas audibles. Lo que explica que el PRO cuelgue hasta en Facebook que el bochorno de la Richmond fue un éxito de su gestión… Pero a la vez quedan los libros y los informes, que ahora desmienten a Macri.

Por ejemplo, el Atlas de Edificios Catalogados, 2010-2011, publicado por la propia Ciudad, que incluye en su página 184 incluye el Círculo y su vecino de medianera de Montes de Oca 330. O el completo informe compilado en abril de 2011 por Leonel Contreras y revisado nada menos que por Graciela Aguilar, una arquitecta con tantos años de función municipal que ya tiene un sí telepático. El informe es clarísimo a la hora de recomendar la catalogación del Círculo y fundamentarla en ley. Vale la pena repasarlo, para que los legisladores votantes se acuerden.

El edificio de Barracas es parte de un sistema de cinco edificios de diversas épocas en nuestra ciudad, sedes de una institución fundada por el cura alemán Federico Grote, que llegó a Argentina en 1884 como misionero redentorista y, otra nota de patrimonialismo, se alojó en el también acosado Convento de Las Victorias, en Libertad y Paraguay. Grote funda el primer Círculo de Obreros Católicos en 1892, meses después de la publicación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII, antecedente de la Doctrina Social de la Iglesia y el primer documento en que se permite que los católicos se sindicalicen. La sede de Barracas es de las primeras en el país, con una primera sede en Montes de Oca al 900 desde 1894 y la actual desde 1905.

El edificio del 318 es, como dice el informe, eclecticista, tiene dos niveles, alguito más de mil metros de superficie cubierta y su primer piso básicamente intacto. Como el edificio es “un referente del barrio de Barracas” y pese a que está en un “área heterogénea” –en castellano, rodeado de torres abominables– se destaca “su valor referencial en la identidad de Barracas”. Y pese a que fue intervenido y remodelado en varios lugares, conserva su gran salón-teatro y “los rasgos fundamentales del cuerpo que da hacia el frente”. En conclusión, el documento recomienda reconocer como Sitio Histórico a los cinco edificios de los Círculos por estar “vinculados con acontecimientos del pasado” y ser “de destacado valor histórico, antropológico, arquitectónico, urbanístico y social”.

Que se sepa, este informe no fue repudiado, ni cancelado, ni derogado por Macri o sus minions, con lo que la explicación a las ganas de desproteger el Círculo Santa Lucía debe buscarse en otras pulsiones. El edificio casi fue demolido en 2011, lo que fue evitado por la Legislatura en parte basándose en el informe ya citado y en mucha parte por la fuerte oposición de los vecinos a su demolición. El edificio llegó a tener un cartel anunciando un edificio de 38 metros de altura más dos retiros, con quince pisos de palomar con 65 departamentos de uno, dos y tres ambientes en la patética estética que se usa hoy en día. Como no se pudo hacer, el edificio fue sistemáticamente vandalizado. Primero fueron dos fletes que se llevaron desde los sanitarios hasta puertas y ventanas. Luego le dejaron los ventanales abiertos, para que entre la lluvia y la mugre. Y luego hasta organizaron una oportuna ocupación, con supuestos carenciados que no convencieron mucho porque se olvidaban de los parlamentos que les habían dado para justificar su presencia.

Como nada de esto funcionó, se apostó a la paciencia y los buenos contactos. El macrismo no hizo nada al respecto, y mucho menos cumplir con el Régimen de Penalidades del Patrimonio Cultural de la Ciudad, sancionado a fines del año pasado y promulgado en enero de 2014. El primerísimo párrafo de este Régimen dice que quien rompa o deje que se rompa un bien cultural “deberá proceder a la reparación de los daños causados o a la reconstrucción de los bienes afectados de conformidad a los documentos existentes y con la intervención de los organismos competentes”. También corresponden multas de veinte a cien mil pesos para faltas menores, inhabilitación para los profesionales involucrados, y multas de entre 240.000 y 600.000 unidades fijas a quien destruya “total o parcialmente” piezas del patrimonio.

El Círculo Santa Lucía es una pieza del patrimonio cultural legalmente reconocido por la Ciudad. El jefe de Gobierno porteño no sólo no sanciona ni cobra las multas sino que acepta gestiones para sacarle la protección y dejar que lo demuelan. Y es explícitamente imposible que Cultura gane alguna vez el poder de policía que se pensó alguna vez para el patrimonio edificado. Esto es cuidar el negocio de la industria mimada sin quebrar la ley, ya que basta violarla de la manera más institucional posible.

“El patrimonio en tensión” (Página12)

March 15th, 2015 Comments off

El traslado físico de un punto a otro de la Ciudad de Buenos Aires nos pone en una situación de tensión acerca de temas vinculados con el patrimonio y su forma de abordarlo por parte del Gobierno de la Ciudad y del gobierno nacional. Luego de recorrer las obras de recuperación del Transbordador Nicolás Avellaneda, en La Boca, que son parte del saneamiento integral del Riachuelo, de sentir la emoción de que ese maravilloso artefacto finalmente se recupere y se lo saque de la terapia intensiva en la que estuvo por cincuenta años, nos dirigimos a tomar café a la Confitería El Molino, en Congreso. Allí, donde grupos de entusiastas que hace años vienen bregando por la recuperación del edificio finalmente fueron escuchados.

Ambas obras son del gobierno nacional. La Dirección Nacional de Vialidad recupera el transbordador y luego de la media sanción legislativa que le falta el proyecto de recuperación de El Molino se recuperará con presupuesto del gobierno nacional. Al igual que el otro puente Nicolás Avellaneda, el más moderno, que ya fue rescatado, los edificios del Ministerio de Agricultura sobre Paseo Colón, el Palacio de Correos y Telecomunicaciones de Corrientes y Leandro N. Alem, la Casa de Gobierno en conjunto con la Aduana Taylor, el mural de Siqueiros y el Congreso Nacional. Sin nombrar otras intervenciones no específicas del patrimonio, como el subte que conectará Plaza de Mayo con Retiro, las Bodegas Giol, que a fuerza de ciencia y tecnología cambió esa zona de Palermo, la cesión del bajo autopista de La Boca en favor de la ciudad y la recuperación de la Vuelta de Rocha en el mismo barrio.

Cuántos beneficios, ejecutados con presupuesto nacional, para una ciudad, ¿no? En otros momentos y con menos dinero muchos nos las ingeniamos para recuperar la Casa de Gardel, la logia Hijos del Trabajo y su neo egipcio masón en Barracas, la gloriosa y vecina Sociedad Luz, la casa Pantano en el Abasto, el edificio de la Escuela Taller del Casco Histórico, en Brasil y Paseo Colón, hoy amenazado también por la piqueta.

Por eso no entendemos ¿cuál es el pretexto para no recuperar la casa de Filiberto en La Boca? ¿Económico? ¿El metrobus se puede cargar así porque sí un sitio de la memoria como es el Atlético y el edificio de Brasil y Paseo Colón? Y siguiendo la misma línea hacia La Boca, el edificio Marconetti, o lo que ocurrió en la plaza Intendente Alvear con el subte (Plaza Francia para los funcionarios porteños) o los autos del TC 2000 rugiendo junto al Cabildo, la Richmond y su nuevo cafecito entre un millón de pares de zapatillas, los 36 Billares, los ornamentos del mástil de Plaza Colombia, y siguen las víctimas…

Tan pobre es la atención que se tiene desde la gestión a la identidad porteña, tan viciada de argumentaciones leguleyas y económicas y tan tristes han sido, como llegar al colmo de la impotencia y enjuiciar a una ONG, como Basta de Demoler. Todos estos son sólo ejemplos que evidencian cómo, en la ciudad más importante del país, se trata el patrimonio.

¿Qué hay detrás de la demolición del Petit Hotel de María Julia Alsogaray?

February 28th, 2015 Comments off

Esta semana, comenzó la demolición del  Petit Hotel de Junin 1435. El mismo que fuera rematado por orden judicial para afrontar las deudas  que la ex funcionaria menemista debió afrontar con el fisco tras una causa por enriquecimiento ilícito. Lejos de la anécdota, este nuevo caso se suma a la infinidad de demoliciones de esta tipología tan poteña en peligro de demolición: el “petit hotel”.

Si bien está vigente una Ley que protege preventivamente los inmuebles anteriores al año 1941, la cual habilita a que un Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP) a que evalué el valor de los edificios con pedido de demolición; La decisión de que edificios deben ser demolidos generalmente es cuestionada por los vecinos.

En este caso, no hay información de Junín 1435 en el Registro de Bienes Catalogados del Área de Protección Histórica del Ministro de Desarrollo Urbano. Además el expediente N° 17.617.923/14 de Demolición total, no figura en los registros de la Dirección General de Registro de Obras y Catastro.

La confusión aumenta cuando se accede al mismo registro pero de Junín 1445: aparecen dos fichas con la misma dirección pero con diferente número de parcela: Sección 11, Manzana 058, Parcela 018  que corresponde a  Junín 1445, un edificio de renta y Sección 11, Manzana 058, y Parcela 019 que correponde a Junin 1435, osea el Petit hotel demolido.

Ambas fichas muestran información contradictoria; la ficha de la parcela del Petit Hotel tiene la foto del edificio de renta y la ficha del edificio de renta dice este que no es anterior al año 1941 pero aún así parece haber recorrido los pasos previsto por la Ley antes mencionada ya que está dentro del catalogo preventivo con protección cautelar.

Si bien este puede ser un error burocrático, las organizaciones vecinales, entre ellas Basta de Demoler, reclaman desde el año 2011 la posibilidad de participar de las reuniones del CAAP de acuerdo al reglamento de dicho organismo para asegurar la transparencia en este tipo de deciciones.

Sin embargo, desde el Gobierno de la Ciudad se ha negado esta posibilidad donde se decide a puerta cerrada el futuro del patrimonio de todos los porteños.

Más casos en la misma cuadra:

Lejos de ser un incidente aislado, los vecinos de esta cuadra son testigos privilegiados de estos manejos y hasta el periodista de Página12 ha sido demandado por hacer públicas estas irregularidades: Hasta Diciembre de 2009, tras ser evaluado por el CAAP, el edificio de Junín 1471 estaba incluido dentro de la una Ley de protección que reunía varios inmuebles de la tipología Petit Hotel de barrio de Recoleta. Pero sorpresivamente, el Subsecretario de Planeamiento, Hector Lostri, emitió una contradictoria resolución en la que “desestima”  proteger el inmueble y habilita su demolición.

Lo contradictorio es que el CAAP había decido con anterioridad que este edificio reunía las condiciones necesarias para ser protegido legalmente con el nivel de protección cautelar. Dicho dictamen y la posterior Ley de protección se basó y fundamentó en la información provista por la Dirección de Interpretación Urbanística que depende del mismo Subsecretario de Planeamiento. No menos polémico es el hecho de la reconsideración se logró sin consultar al CAAP; que es el organismo encargado de evaluar el valor de los edificios patrimoniales.

Petitorio para una Ley de protección al Convento de Las Victorias

November 14th, 2014 Comments off