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Archive for the ‘Teatro Opera’ Category

Teatro Opera: una ley protege al edificio y su histórico nombre (Clarín)

April 27th, 2012 No comments

La Legislatura porteña ayer aprobó en segunda lectura una ley que cataloga con nivel de protección estructural al Teatro Opera, lo declara monumento y preserva su nombre histórico. La norma alcanza no sólo a la fachada, sino al hall y a la sala principal del teatro, entre otros espacios.

El teatro ahora cuenta con protección estructural, que resguarda al edificio, su hall, la sala principal, la sala denominada “Petit Opera”, los sanitarios públicos y todos los revestimientos y ornamentaciones interiores, luminarias, herrerías y carpinterías originales. A partir de esta ley, no podrán modificarlos ni demolerlos . Sin embargo, este nivel de protección no resguarda el rubro de la actividad del edificio.

Además, la ley declara al teatro monumento y preserva su denominación histórica. En 2010 se generó una gran polémica cuando retiraron el tradicional letrero de “Opera” y lo rebautizaron como “Teatro Citi”. Hasta que, debido a las críticas, le repusieron el nombre y quedó como “Opera Citi”.

“En los últimos años el patrimonio se ha visto gravemente amenazado y en algunos casos hubo daños irreversibles –señaló el diputado Fernando Sánchez, presidente del bloque de la Coalición Cívica-ARI de la Legislatura–. Con este proyecto no sólo reconocemos la importancia arquitectónica del Cine Teatro Opera, sino su vital rol cultural aportando al carácter de la Ciudad de Buenos Aires y, particularmente, a la calle Corrientes” El teatro, ubicado en avenida Corrientes 860, fue proyectado por el arquitecto belga Albert Bourdon e inaugurado el 7 de agosto de 1936. Lo construyeron en tan solo nueve meses , en el mismo lugar que, desde 1872, había ocupado el “Teatro de la Opera”. Cuenta con 2.500 localidades y entre sus valores arquitectónicos se encuentra el hall principal, revestido con mármoles de colores. También el techo de la sala principal, que simula una gran vía láctea.

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“Agenda pendiente” (Por Página12) Temas patrimoniales inconclusos del Ministerio de Cultura y el Ejecutivo Porteño

January 14th, 2012 No comments

El Ejecutivo porteño también tiene pendiente enviar a la Legislatura el régimen de sanciones y penalidades para quienes dañen o destruyan el patrimonio, crear mecanismos de compensación para los propietarios de los bienes protegidos, y algo también fundamental, implementar la Unidad Técnica de Coordinación Integral de Catálogos, Registros e Inventarios, donde deben inscribirse todos los bienes culturales registrados en el Gobierno de la Ciudad.

Esto es vital para garantizar su protección, y que no ocurra lo que sucedió con el Teatro Opera o la Confitería Richmond, entre muchos otros casos, que se pusieron en riesgo o directamente se perdieron bienes patrimoniales por la falta de creación de este registro de registros.

En el terreno judicial están en pleno proceso –con medidas precautelares dictadas durante la feria– la protección de los edificios anteriores a 1941 y la situación de protección de la Casa Suiza, y en ambos casos, la Subsecretaría de Cultura tiene mucho para decir.

Otra cuestión pendiente es la implementación del Registro de Cúpulas y Coronamientos Notables, creado por la Ley 2541, que fue sancionada en 2007. Su ejecución implicará proteger numerosos inmuebles valiosos de Buenos Aires.

La aplicación de la ley de Protección Ambiental, que obliga a contemplar en los estudios de impacto la necesidad de “preservar el patrimonio natural, cultural, urbanístico, arquitectónico y de calidad visual y sonora” de la Ciudad, es otra de las deudas que tendrá que enfrentar la nueva subsecretaria, tanto que en representación del Ministerio de Cultura debe integrar la Comisión Interfuncional de Habilitación Ambiental.

Finalmente, en la que será, tal vez, la decisión de mayor impacto político, deberá definir a los representantes del ministerio en el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales, y sobre todo establecer el criterio que deberán seguir a la hora de votar, sobre todo cuando se trate de autorizar demoliciones, que en el caso de los protegidos preventivamente por la Ley 2548 y 3056. Ahora están bajo la lupa de la Justicia, que revisará caso por caso, desde que la doctora Andrea Danas dictó una medida precautelar y el Poder Ejecutivo no apeló la decisión.

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“Donde hubo teatro…” (Por Página12)

October 25th, 2011 No comments

“Esa misma ley fue el argumento que la Justicia porteña adoptó para homologar el acuerdo que impidió la demolición del teatro El Picadero y que obliga al propietario del predio a restaurarlo y entregarlo en comodato al Gobierno de la Ciudad, tal como se comprometió en sede judicial. Por ahora vemos relucir el edifico de la esquina de Corrientes y Riobamba, pero el teatro sigue tapiado como hace tiempo.

Esta norma se aplica ahora al predio de Bartolomé Mitre 1444, nuevo emprendimiento en formato torre, que Basta de Demoler incluyó en un informe –negativo, obviamente– de junio de 2010.

En este caso, al menos, alguien se tomó el trabajo de analizar la legislación vigente y se dieron cuenta que un incendio no era suficiente argumento para vulnerar la exigencia de reconstruir una sala teatral en el predio.

Allí funcionó el Teatro Argentino, una joya que en el amanecer del 2 de mayo de 1973 fue incendiada por un grupo de fanáticos que buscó y logró impedir la puesta en escena de la obra Jesucristo Superstar.

Originalmente se había bautizado como Teatro de la Zarzuela, que se inauguró el 25 de mayo de 1898, y que en los ‘60 compró Alejandro Romay, dándole su propio perfil con obras como El violinista en el tejado y Hair. En ese predio que luego fue incendiado, y en el que hasta funcionó un estacionamiento –igual destino que el predio del Teatro Odeón–, se levantará una torre, que albergará una sala teatral de mil metros cuadrados, según anuncios públicos, administrada por el Ministerio de Cultura de la Ciudad.”

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“El año de la política” (Por Página12)

January 5th, 2011 No comments

Si algo dejó en claro 2010 para la causa patrimonial, es que la política es la gran herramienta para lograr cambios y limitar la especulación. Justo a tiempo para el año electoral que empieza.

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Que no sea cuestión de hacer la lista de edificios salvados, catalogados o perdidos. Y que no sea tildar en un papelito las agachadas, trampas y complicidades de funcionarios amigos de la poderosa industria inmobiliaria. Lo que aparece con toda claridad al pensar el año que cerró es que cuidar el patrimonio es como combatir a las tabacaleras: se logra con acciones grupales, politizando el asunto y creando un nuevo sentido común. Porque si esperamos que todo el mundo deje de fumar…

Esto queda absolutamente en claro con casos puntuales que tuvieron reacciones rápidas, como La Cuadra, la Asociación Santa Lucía, el Teatro Opera y hasta los benditos escalones de la Recoleta. En escalas y barrios diferentes, todos estos eventos tuvieron en común la movilización. Los vecinos de Palermo, Proteger Barracas, Basta de Demoler… primerizos u organizados, fueron los vecinos protestando que lograron salvar edificios. Los vecinos de Floresta también están en la trinchera, cuidando su flamante Area de Protección Histórica de vivos de cabotaje que siguen rompiendo casas protegidas para hacer más locales.

A estos vecinos protagonistas se les agregaron, como otro síntoma positivo, actores políticos que empezaron a entender que el patrimonio es una batalla que hay que dar. Desde la Legislatura y, sorpresa, desde la gestión, se diferenciaron de las Mesquidas y Barelas, los Chaín y los Lostri de esta vida. También hubo una patriada recordable, una tragedia con muertos, una frenada en el pavimento y un encuentro muy importante de patrimonialistas. 

Gente nueva

Los tres casos ejemplares de vecinos movilizados para salvar el patrimonio permiten ver las cosas con matices. El caso del Teatro Opera fue de una espontaneidad notable, en particular por tratarse de patrimonio intangible. Resulta que el banco Citi tiene una política internacional de adquirir lugares notables, mantener sus actividades y estamparles su nombre como publicidad. Este tipo de cosas son justificadas por los norteamericanos –cuando se dice “internacional” debe entenderse norteamericano– con vaguedades de “ciudadanía corporativa”, pero son simple y llana publicidad. En Estados Unidos a la gente le molestó este tipo de cosas, en particular cuando el Shea Stadium –el más tradicional y querido del béisbol neoyorquino– terminó de Citi Stadium. Pero se la bancaron.

El Citi, filial argentina, hizo robóticamente lo mismo, sin atender a contextos, con lo que terminó protagonizando uno de los más memorables desastres de relaciones públicas jamás vistos. Lejos de ser un evento que asociara al banco con la cultura bajo una luz positiva –“inversión social”, en el extraño lenguaje de las relaciones públicas– terminó siendo un símbolo de frivolidad adquisitiva: un banco apropiándose de la pátina creada por otros. El banco reaccionó tarde y mal, tal vez desconcertado por la buena recepción oficial –el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, brindando en la inauguración, feliz de que el teatro fuera ahora Citi y no Opera– y pensando que el “evento” con Mirtha Legrand de madrina cerraba la cuestión.

Para cuando se encontraron con civiles repartiendo volantes en la puerta, ni siquiera tuvieron el reflejo de parar al goruta que se dedicó a fotografiarlos como si fuera de la SIDE. La presión moral fue tal que, sin admitir error alguno, el Citi cedió y restauró el nombre viejo. El teatro se llama ahora Citi/Opera. Que Mirtha Legrand los criticara en cámara fue el fin de la resistencia del banco.

El caso del centro Santa Lucía en Barracas fue más concreto y por así decirlo tradicional. Un edificio en un barrio bajo ataque. El edificio cierra y se transforma, con esa magia de las inmobiliarias, en un terreno ocupado por alguna cosa vieja. Y los vecinos contraatacan con Proteger Barracas coordinando. Lo notable del asunto es que donde ni el CAAP ni nadie en el Ejecutivo estaba dispuesto a mover un dedo, los legisladores catalogaron el edificio y listo. Buenos reflejos de políticos que no están directamente al servicio de la industria de la destrucción-construcción, como “los profesionales” de Desarrollo Urbano.

El tercer caso fue de laboratorio, el de ver aparecer el germen de una ONG en un barrio que no la tiene. El anuncio de la demolición inminente de La Imprenta y La Cuadra creó de la nada un grupo de vecinos en esa zona de Palermo tan castigada por las demoliciones que va del Hipódromo al Hospital Militar. Hubo una asamblea muy concurrida, buena cobertura de los medios, fuertes críticas al CAAP, que en un rapto de demencia notable hasta para ellos aprobó la demolición del último stud porteño y de un edificio industrial del siglo XIX. Nuevamente, los políticos reaccionaron rápido y ambos edificios fueron catalogados.

De paso, la falta de luces del CAAP nos va a costar a los contribuyentes unos buenos pesos, ya que el estudio Churba anunció que demandará a la Ciudad por diez millones por perderse de destruir estas dos piezas patrimoniales. Ay, Churba, con un apellido tan ilustre…

Lo que no hubo caso de salvar fue el finalito de San Telmo, sobre la avenida Garay, donde ese acto de vandalismo urbano que es el Quartier San Telmo se va a alzar nomás. Es un símbolo de nuestro atraso legal que se pueda hacer una torre en un lugar así, por no hablar del caletre creativo de la empresa que todavía diseña esos objetos. Hubo una ida y vuelta de amparos y apelaciones, que demoró la obra pero no la paró.

Cales y arenas

El CAAP, ya mencionado, se terminó de hundir en el desprestigio. Este Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales ya estaba mostrando la hilacha desde antes, pero este 2010 dejó en claro que es una catástrofe, con pocas y honrosas excepciones. Pese a su nombre tan patrimonial, es una entidad de cabotaje que siempre está más atenta a la lógica del negocio inmobiliario que a cualquier consideración cultural. Un núcleo duro de sus miembros está formado, nada casualmente, por funcionarias públicas, de Desarrollo Urbano y de Cultura, que actúan en un unísono que debería darles pudor a las de Cultura. Tradicionalmente, siempre hubo tensión entre ambos ministerios por temas patrimoniales, asunto aparentemente solucionado con la rendición incondicional de Cultura.

La excepción más notable es la inesperada Mónica Capano, que preside la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad, antaño un sello de goma y ahora un punto de resistencia a la piqueta. No es casual que Capano sea la única persona en el CAAP que no es arquitecta y piensa las cosas desde la cultura y la sociedad. Es, por suerte, una persona firme y capaz de empacarse, ya que de otro modo no aguantaría las agresiones constantes de las funcionarias miembro.

Otro inesperado personaje del año es el defensor adjunto del pueblo porteño, Gerardo Gómez Coronado, que transformó su equipo en una herramienta de los vecinos para frenar los negocios inmobiliarios y defender la identidad de sus barrios. La Defensora Alicia Pierini tuvo la buena idea de crear este mandato, atendiendo a la idea –constitucional desde 1994– de que el patrimonio es un derecho de los porteños. Gómez Coronado puso una gran energía en temas urbanos. Los vecinos de La Cuadra, los de Floresta –hasta amenazados por matones– y los de varios barrios que se encontraron con que Macri quiere hacerles “sapitos” bajo las vías ya aprendieron a confiar en él.

En la Legislatura aparecieron figuras que empezaron a tomar el tema con más fuerza. Patricio Di Stefano, que ahora preside la Comisión de Patrimonio fundada por Teresa de Anchorena, logró el golazo notable de crear el APH de la City, que lleva el barrio histórico efectivamente de San Telmo a Plaza San Martín. Martha Varela demostró cómo cambia la textura urbana con su proyecto de la avenida Callao, aprobado en 2009, que obligó a bajar marquesinas y cambalaches visuales. Sergio Abrevaya y Eduardo Epszteyn llevaron adelante proyectos propios y, en varios casos, coordinaron políticamente que se aprobaran ideas importantes, como la renovación de la 3056 a ultimísimo momento.

Estas figuras forman un tremendo contraste con otras, como la de la diputada Silvina Pedreira, que tuvo la idea brillante de torpedear todo el magro sistema de protección de edificios patrimoniales desde la Legislatura. Con la falta de sutileza que la caracteriza, la diputada alegó la protección de la propiedad privada y quiso armarle a la ley 3056 tal papeleo que la dejaría manca y renga, inaplicable. No le fue bien.

Desde el Ejecutivo, la subsecretaria Josefina Delgado, la directora Liliana Barela y el director Antonio Ledesma decidieron este invierno darse por ofendidos por las críticas al CAAP, donde sus subordinadas se lucen por la amistad con la industria inmobiliaria. Fue un momento penoso, en particular para las que se supone son personas de la cultura. Para fin de año, ambas estaban al parecer subiendo la apuesta y gruñendo que les van a hacer juicio a varias figuras que las critican. Esto constituye una pavada, ya que ser funcionario es exponerse a las críticas de la vida pública. Como dicen los norteamericanos, si no les gusta el calor, que no entren en la cocina.

El Ejecutivo terminó arreglando los escalones del cementerio de la Recoleta, con peldaños de mármol del mismo grosor pero de diferente veta, venidos de vaya a saberse cuál demolición. Mientras esperamos que se disculpe por mentir el funcionario que le escribió a la Comisión Nacional de Monumentos que el Carrara blanco había sido retirado para su conservación –cuando todos los vecinos y este suplemento usaban de pisapapeles fragmentos rotos a mazazos– vale avisar que hasta retiraron la peligrosa rampa de acceso que algún genio de la arquitectura recubrió en granito pulido.

Lo que no tuvo remedio fueron las muertes en el gimnasio de Villa Urquiza que se derrumbó en agosto cuando le socavaron los cimientos para hacer, cuándo no, una torre. Ahí fue notable cómo el ministro Daniel Chaín y su Robin, el subsecretario Héctor Lostri, volvieron al argumento de que no pueden controlar todo y que así es la vida… hasta parecía que se lo creían.

Menos mal que hay también en esta Buenos Aires personas como José Mastrángelo y Carlos Matté, los restauradores que, de onda, arreglaron la Pirámide de Mayo para el Bicentenario. Lo hicieron porque se dieron cuenta de que nadie la había contado para el festejo, lo hicieron gratis, poniendo materiales y personal ellos mismos, y lo hicieron porque son patriotas y buena gente.

¿No querrán ser ministros porteños?

Patrimonio vivo

La quinta Vaz Ferreira en Montevideo es una experiencia realmente especial de conservación y apertura al público. Y también un ejemplo de la naturalidad con que públicos y privados trabajan juntos en Uruguay.

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Basta de Demoler en Los Siete Locos

September 24th, 2010 No comments

PARTE 1

PARTE 2

PARTE 3

“El trabajo del CAAP es tan errático que llama la atención”

June 26th, 2010 No comments

Lo que el CAAP “desestima”

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“El Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales está funcionando con un extremo cuidado de no entorpecer los negocios de nadie y se comió con todo y piolín un invento ajeno: el Ministerio de Desarrollo Urbano decidió que “ya que estamos” tiene que ver los entornos de los edificios propuestos para catalogar o demoler, de modo de proponer su preservación o “desestimarlos”. Lo que el CAAP no percibió o no considera importante, es que así se compila instantáneamente una lista de edificios a demoler. Para peor, ver lo que “desestiman” y escuchar sus debates es notar que se habla como en un seminario de arquitectura muy exigente, no como en un Consejo cuyas decisiones tienen consecuencias materiales, rentables. Para peor, nadie puede encontrar en la ley 3056 dónde dice que el CAAP tiene mandato para desestimar algo sobre lo que nadie le preguntó.”

“Y esto abre una situación legal de oscuro pronóstico. El CAAP tiene real poder y sus decisiones son vinculantes, con lo que hasta a los miembros que no son funcionarios públicos full time les cabe aquello del incumplimiento de los deberes de funcionario público, figura penal. Al permitir las demoliciones de tanto edificio sobre los que nadie les preguntó y sobre los que no tienen mandato legal, están favoreciéndole el negocio a alguien.”

“Como para que no quede duda, basta ver qué amable se pone el CAAP cuando no hay interés comercial. El pasaje El Maestro fue masivamente catalogado, ya que en un pasaje no se puede construir en altura y por tanto nadie se quejará. En contraparte, la esquina de Paraguay y Vidt, donde se alza una preciosa residencia francesa en muy buen estado, fue desestimada de un plumazo: la esquina es perfecta para hacer una buena torre.”

“El trabajo del CAAP es tan errático que llama la atención. En una ficha aparece hasta el muy viejo edificio de Página/12 marcado como “posterior a 1941” lo cual es manifiestamente errado. En otra están dos famosas quintas urbanas de la calle Vidt, de las de patio con galería, en buen estado pero desestimadas.”

El patrimonio a nivel federal

Nota Completa

“El diputado Horacio Piemonte acaba de presentar un proyecto en Diputados que puede cambiar drásticamente la situación del maltratado patrimonio cultural argentino. La idea busca definir ese patrimonio mueble e inmueble, crear una institución que lo proteja y regule, y sancionar con duras penas a quien lo destruya o modifique. El proyecto es apoyado como coautores por Elisa Carrió, Adrián Pérez, Elsa Quiroz, Fernanda Gil Lozano, Fernando Iglesias, Elisa Carca, Fernanda Reyes, Juan Carlos Morán, Alicia Terada y Juan Carlos Vega.”

¿Y la ley de publicidad?

Nota Completa

“Es notable lo poco que se respeta la ley en esta ciudad, y esa chantada llega muchas veces al ridículo”

Convocatoria por el Opera

May 17th, 2010 No comments

Organizada por Eternautas y Basta de Demoler, participaron entre otros Ricardo Watson (Eternautas); José Miguel Onaindia, Tito Cossa, Antonio Birabent, el Defensor del Pueblo Adjunto, Gerardo Gómez Coronado, Facundo de Almeida; Teresa de Anchorena; Mónica Capano, presidenta de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico-Cultural; Ma. José Lubertino, legisladora, entre otros.

Más repercusiones: El legislador Sergio Abrevaya pide informes al ejecutivo. Más info en este link.

Convocatoria por el Opera

May 12th, 2010 No comments

Este sábado acercate al Opera para reclamar…

Que le devuelvan el nombre al Teatro Opera

Sábado 15 de mayo a las 20:00 hs frente al Teatro OPERA

Nos reuniremos para reclamar todos juntos que se le devuelva el nombre al teatro y que se restituya el cartel original a la marquesina.

Queremos que se respeten el patrimonio de la Ciudad y la memoria de tantos artistas y espectadores que pasamos por esa sala. El nombre del Teatro Opera debe ser restituido y el antiguo cartel que lo señala debe volver a su lugar original.

El Gobierno de la Ciudad debe exigir que se cumpla con las leyes que protegen el patrimonio cultural.

Convocan: EternautasBasta de Demoler

El cine-teatro Opera, de la avenida Corrientes al 800, perdió hace pocos días el nombre que llevaba desde 1871 y ha pasado a llamarse Teatro Citi.

El cartel original que fue retirado figura en los planos del arquitecto belga-norteamericano Albert Bourdon. Es parte del diseño original del edificio y se encontraba sobre la marquesina desde su apertura en el año 1936.

Es Opera es una de las más bellas joyas arquitectónicas del Buenos Aires; fiel exponente del Art Déco y el único cine-teatro en América del Sur decorado según las normas de los llamados “atmospheric theatres”, “salas atmosféricas”, en los locos años 20.

El nombre “Teatro Opera” forma parte de la memoria colectiva de la Ciudad: desde 1871 es parte del paisaje de la “calle Corrientes”; en el Opera actuaron los más prestigiosos artistas de nuestro país y del extranjero.

El edificio, bien integrante del patrimonio cultural de Buenos Aires, está amparado por la Ley 1227 de Protección del Patrimonio Cultural y la Ley 2048 de Promoción Especial de Protección Patrimonial y su modificatoria Ley 3056.

Además, está en trámite de catalogación por el Gobierno porteño: cualquier reforma o modificación de fachada e interiores debe ajustarse a la normativa de conservación arquitectónica vigente.

Sin embargo, los propietarios no han cumplido con los procedimientos necesarios y el Gobierno, en un llamativo silencio, no actúa: no controla ni obliga a cumplir las Leyes. El Gobierno de la Ciudad debe bregar por el respeto a este bien cultural que pertenece a toda la ciudad.

En este link podrán ver el informe de la Arquitecta Lydia Weisman

Debajo: imagen y texto sobre la fachada, publicados antes de la construcción

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Sigamos luchando por el Teatro Opera

March 29th, 2010 No comments

“Cuando pareciera que estaba todo dicho en materia de avasallamiento al patrimonio de nuestra ciudad, el banco Citi ha retirado su histórico cartel y reemplazado el nombre del mítico Teatro Opera de la calle Corrientes por el suyo propio. Respaldado por sus dólares y escudado en la recuperación que está llevando del edificio, ha pisoteado la identidad y la memoria urbana y degradado lo que el gesto pudo haber tenido de grande si únicamente se hubieran atenido a ser sus mecenas culturales.

Mayor grado de responsabilidad tienen los propietarios (el grupo T4F), que tradujeron a un valor económico el nombre histórico que posee la sala. Se pone así fin a una historia que llevaba 139 años, desde que en 1871 abriera en ese solar de la Corrientes todavía angosta una sala lírica con ese nombre. Desde hace unos días es el Teatro Citi, y el logo del banco se repite hasta el hartazgo en cada puerta de acceso, cada espejo y por poco cada rollo de papel higiénico. Nadie parece haber reparado en el hecho de que ciertos edificios, como las personas, tienen un nombre propio y que éste no puede reemplazarse ni intercambiarse por una marca. Esto último podría llegar a ser considerado una operación ilegal, puesto que el edificio está protegido por las leyes 1227, 2548 y 3056 de Patrimonio Cultural, además de ser su construcción anterior a 1941, lo que exige una consulta vinculante con el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales. Hasta donde pudimos averiguar esto no ocurrió, con lo que la misma restauración entraría en el terreno de la ilegalidad.

Esta burda operación generó una inmediata respuesta en Facebook exigiendo la restitución del nombre (más de 3500 adherentes en los 6 primeros días). El jueves pasado el Citi debió abrir un foro de opinión en su sitio Facebook, que no ha parado de recibir diariamente decenas de mensajes cuestionando el cambio de nombre. Al ver frustrada su operación de marketing en su propio terreno, el banco fue directo al grano y respondió: “Abordar el desafío de poner en valor el edificio suponía una inversión importante que sólo se justificaba enmarcándola en una figura de esponsoreo integral del teatro. Y la que mejor se ajustaba a los valores requeridos era la de “naming sponsor”. Una vez tomada esa decisión, nos quedaba una disyuntiva para nada sencilla: conservar el nombre original (con una alternativa compuesta, como Opera Citi, por ejemplo), o no utilizarlo. Evaluamos las distintas opciones y, si bien nos seducía la del nombre compuesto, implicaba que dos empresas distintas (Citi y T4F, dueños de la denominación “Teatro Opera”) compartieran esa nueva marca, cosa que nuestra política global de marca no aceptó”.

Ante el desmedido crecimiento del grupo en Facebook que exige “que devuelvan su nombre al Teatro Opera de la Calle Corrientes”, la contraofensiva no se hizo esperar. En el Clarín de hoy domingo 28 la periodista Silvia Naishtat le canta loas al banco en un artículo calcado de la respuesta esgrimida por el Citi en su foro. Entre otras cosas, dice que el banco no sintió nostalgias, como si los que reclaman que se respete el patrimonio cultural. Es, en realidad, al revés. El pasado es el atropello de cualquier bien cultural en pos de cualquier ganancia y de cualquier marketing. Es la lógica de la colonización: el poder que planta bandera, cambia el nombre y borra la historia. Eso es nostalgia, el futuro sería que quizás por una vez, un grupo de ciudadanos resistiera estos atropellos. Y también que aquellos que tienen el poder de la palabra, como los periodistas, le dieran el espacio que se merece a estas personas y a sus acciones, en vez de despacharlas en un final de oración y dedicar largas parrafadas a la labor de personas que ya cobran sueldos abultadísimos y reciben elogios de todos lados.”

Ricardo Watson – Christian Rodríguez

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