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Firmas por la conservación de los antiguos coches de la línea A

  1. January 7th, 2013 at 15:35 | #1

    ES ABERRANTE LO QUE ESTA HACIENDO MACRI!! ALGUIEN TIENE QUE PARARLO, OJALA SIRVA

  2. Mónica Griffo
    January 7th, 2013 at 15:48 | #2

    Solicito a las autoridades del Gobierno de La Ciudad, que se conserven los antiguas coches del Subte Linea A, y que se los declare Patrimonio Nacional.
    Mónica Griffo
    DNI: 11.400.325

  3. Andrés Sorin
    January 8th, 2013 at 07:41 | #3

    Abajo la ignorancia y la especulación. Por la preservación de un patrimonio viviente para todos.

  4. ROBERTO 55
    January 9th, 2013 at 11:41 | #4

    NO destruyamos nuestra HISTORIA para ser mas modernos…no estoy en contra de lo moderno y seguro sino que debemos conservar el trabajo de nuestros antepasados—–GRACIAS POR AYUDAR

  5. January 12th, 2013 at 13:18 | #5

    Señores. Paren la máquina de NO HACER! Son un peligro. Hay q modernizarse. En London no hay de estas antiguallas. Utilicen los vagones para otra cosa. El mundo avanza. Ustedes van para atrás.
    Quisiera saber si todos los q firman el pedido viajan en estas porquerías. y si volvemos a las carretas? porqué no?

  6. January 14th, 2013 at 18:38 | #6

    La memoria de la ciudad no es un parque temático con cada segmento de su pasado”

    Habitual pasajera de la línea A, Sarlo escribe sobre el último día de los centenarios vagones belgas. Sus cuestionamientos. Fotos.

    Ver Comentarios (18)

    Por Beatriz Sarlo | 13.01.2013 | 20:31

    Beatriz Sarlo recorrió los vagones de la Línea A junto a PERFIL. | Foto: Diario PERFIL

    Ampliar Fotogalería

    Es cierto: Roberto Arlt viajaba en los vagones de madera de la línea A. Seguramente muchos compañeros suyos del diario Crítica llegaban a la redacción y subían las escaleras de la estación Sáenz Peña después de sentarse sobre esos listones todavía relucientes. Sin embargo, es difícil imaginar un réquiem compuesto por Arlt a los vagones belgas. Era más bien un entusiasta del cambio. Arlt es nuestro paleontólogo de lo nuevo, porque fue su explorador. Nunca elegíaco.

    Viernes a mediodía. Con la fotógrafa de PERFIL esperamos en la estación Acoyte a que llegue una formación de los viejos vagones de madera. No somos los únicos. Con sus camaritas (incluso, me señala la fotógrafa, con una camarita cargada con película, es decir tan arcaica como los vagones que saldrán de servicio), hay una decena de personas tomando fotos para su álbum personal de recuerdos.

    Los habituales pasajeros del A (de los que formo parte) hacemos abstracción temporaria del mal servicio, del movimiento irregular de esos vagones destartalados y de las maldiciones cotidianas a la empresa, para convertir a los vagones en un memento mori: ellos van a desaparecer y nosotros creemos que vamos a recordarlos.

    Es posible que no los recordemos dentro de algunos meses, como no recordamos los colectivos fileteados a mano, ni las fotos de Gardel que decoraban sus tableros y parabrisas. Se fueron al museo.

    La ciudad moderna es eso: capas de renovación hecha posible por capas de olvido. París o Berlín son, por razones diferentes, ejemplos emblemáticos. París es una ciudad del siglo XIX donde sobreviven un puñado de edificios de los tiempos anteriores. Todo lo demás desapareció, como desaparecerán los vagones del subte A. Berlín es una ciudad cuya vitalidad y cuyo pulso se asientan sobre el campo de ruinas donde se la reconstruyó, modernísima, en la posguerra.

    Es curiosa la paradoja: en una cultura que empuja el televisor del año pasado hacia la montaña de basura contaminante para dar lugar al plasma de este año; donde el celular que cumple perfectamente sus funciones se acumula en el basural de lo viejo en el mismo instante en que una publicidad anuncia los precios más bajos de un smart-phone, pareciera que reservamos el espacio público para un desván nostálgico. Allí parece adecuado conservar objetos que nadie tendría diez minutos más en su casa.

    Nadie acumula las diversas versiones de licuadoras que usó en su vida. Pero puede lamentar que una línea de subterráneo no nos ofrezca más la posibilidad de viajar en modelos centenarios, cuyo equivalente en autos o motos estarían destinados a un museo del transporte.

    Los vagones belgas del subte A fueron usados demasiado tiempo. Por impericia y negocio, por lucro y desidia, siguieron bamboleándose sobre los rieles que corren bajo Rivadavia hasta Plaza de Mayo. Fueron tecnología moderna y hoy son simplemente un arcaísmo.

  7. mirtha collazzo
    January 14th, 2013 at 18:45 | #7

    Amo a la ciudad donde nací, me enorgullecía hasta que llegó el PRO con su ignorancia y sed de hacer negocios para eso quisieron acercarse a la política. Por ejemplo, juramenté no volver al Teatro DColón hasta que no se vayan. Quiero que esos coches sean conservados como Patrimonio de la Cultura e Historia de MI ciudad.Basta de destruir, basta de demoler, basta de tantos ignorantes, comerciantes sin moral.

  8. Ariel
    February 7th, 2013 at 11:57 | #8

    Gracias por darle al h.d.p de Macri una excusa para cancelar para siempre la construcción de la estación facultad de derecho de la H. Justo lo que necesitaba él, que está tratando de destruir el subte para impulsar el ridículo “metrobus”.

  9. Gus
    February 8th, 2013 at 07:54 | #9

    @Susan Temperley
    De acuerdo con vos. Esos trenes son carretas con motor y, aunque eran bellos, no son aptos para circular hoy en día, ni hace cincuenta años.
    Las antiguallas a los museos.

  10. Mauricio
    March 24th, 2013 at 12:05 | #10

    Por mas firmas que haya por este y muchos otros temas creo que modificar el pensamiento arrasador de Macri y sus complices es inútil.
    Tipo mas cerrado y fundamentalista no existe. Podes decirselo una y otra vez que seguirá repitiendo lo mismo autistamente. Realmente no puedo entender la mentalidad de la gente que lo votó.
    De todas maneras espero que alguien de su gobierno escuche y haga lo necesario para que se cuiden estas reliquias. Y me adhiero al pedido de mucha gente que proponía se pongan en servicio sábados y domingos para deleite no solo de los turistas si no de los que amamos Buenos Aires.
    Saludos.

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