Vecinos de la Casa Suiza, el único inmueble relacionado con los afroporteños que queda en pie en la Ciudad, denunciaron que valiosos documentos de archivo protegidos por ley, aparecieron tirados en la vereda como parte del deterioro que sufre este edificio mientras se resuelve un amparo contra su demolición.

A lo largo de más de 110 años y hasta su cierre en 2008, la entidad alquiló su auditorio para la realización de las más diversas actividades; sobresaliendo, por sus características, uno de esos usos, el que involucra a los afrodescendientes.

Es que, durante 50 años consecutivos, entre los `20 y los `70, el inmueble fue contratado por el Shimmy Club, una asociación de afroporteños fundada en 1882, para sus famosos bailes de carnaval.

“Venía a bailar aquí desde los 5 años, es parte de mi vida; bailábamos, cantábamos y nos reencontrábamos todas las familias”, contó a Télam la afrodescendiente Norma Lamadrid en 2012.

Esto determinó que la Casa Suiza quedara grabada a fuego en el corazón de la identidad afroporteña y que una asociación de afroargentinos del tronco colonial como Misibamba se haya sumado a la lucha contra su demolición.

“En la Ciudad quedan iglesias de la época colonial levantadas por los negros, pero directamente vinculado a la vida social autogestada de los afroporteños, es el único inmueble, que tiene un valor inmaterial que permanece más allá de las reformas”, explicó el antropólogo de Misibamba, Pablo Cirio.

Aquellos bailes de Carnaval tenían una dinámica muy particular, ya que “en el descanso, la gente se iba al buffet del subsuelo y espontáneamente empezaban a tocar candombe y a bailarlo. Terminado el baile salían en comparsa hasta la avenida Corrientes”, contó.

Atendiendo a sus particulares características, la Legislatura porteña declaró en 2008 “bien integrante del Patrimonio Cultural al solar sito en Rodríguez Peña 252/54”, cuyo uso “será acorde al valor patrimonial del predio”, y dispuso que deben preservarse el pórtico, las arañas y el archivo histórico.

No obstante, la Dirección General de Registro de Obras y Catastro aprobó el 2 de enero de 2012 los planos de obra presentado por los propietarios para construir allí un edificio de once pisos con tres niveles de cocheras, previa demolición parcial del inmueble.

El comienzo de los trabajos ameritó la presentación de un recurso de amparo por parte de un grupo de vecinos en diciembre de 2011, junto con una medida cautelar de no innovar.

Pero a pesar de que se obtuvo la precautelar, cuatro días después se reinició la demolición, lo que fue denunciado nuevamente por los amparistas y las ONG Misibamba y Basta de Demoler, que consiguieron que la justicia frenara otra vez esas acciones.

“Si se demuele, la memoria sólo estará en las personas y va a ir muriendo con ellas. No queremos que se haga un edificio nuevo y que nos den como premio consuelo una plaquita recordatoria, porque vivimos en una ciudad de plaquitas”, afirmó Cirio.

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