Hace una década seguramente pocos se hubieran animado a soñar que el Centro Histórico de la capital mexicana podría ser considerado un ejemplo de convivencia y transformarse en un modelo a imitar para los 37 centros históricos que hay en la región, catalogados como patrimonio mundial.

Pero esto es lo que días atrás afirmó Nuria Sanz, jefa de la sección América Latina y el Caribe del Centro del Patrimonio Mundial de la Unesco.

No es extraño. La Alcaldía de México –en coordinación con el gobierno federal y con el apoyo del sector privado– viene realizando un trabajo sostenido y sistemático de más de diez años de gestión, que han colocado hoy al DF como un ejemplo de lo que se debe hacer para revitalizar un área patrimonial.

Pero a no confundirse. No se trató solo de proteger, tampoco exclusivamente de restaurar fachadas y mucho menos transformar el área de nueve kilómetros cuadrados en un parque temático de la arquitectura.

El Fideicomiso del Centro Histórico y la Autoridad del Centro Histórico (desde el Estado), con el apoyo de la Fundación de Centro Histórico (desde el sector privado), logró una verdadera revitalización del sector más antiguo de la capital.