Lombardi sabe que el tango y el estilo de vida porteño son buenos argumentos de venta. Con lo que presentó, en el mayor secreto y hace unos meses, un pedido para que la Unesco considere “La cultura del café-bar en los barrios de Buenos Aires” como patrimonio intangible de la humanidad. El pedido se apoya en un enorme informe lleno de gráficos de 235 páginas de largo, con muy pocos conceptos pero muchas listas: de cafés, de menciones de los cafés en la prensa, de letras de canciones y poesías sobre cafés –con los textos completos–, de menciones de los bares notables en la redes sociales. Hasta hay un “estudio sociológico” en el que se revelan cosas estremecedoras, como que la gente usa los cafés para encontrarse.

Lo divertido del asunto es que el informe hasta menciona decenas de notas deplorando el cierre de cafés notables y en ninguna parte se dice cosa alguna de cuidarlos materialmente. A los light como Lombardi nunca les preocupa el patrimonio material, apenas el inmaterial, aunque uno haga al otro en forma directa. De paso, el informe está disponible en el sitio de la Unesco y es una lectura amena en su antología de poética cafetinera.

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