Y ahora le llegó a una indudable pieza de la memoria porteña, un indiscutible. Los 36 Billares va a cerrar, dejando un hueco en Avenida de Mayo 1200 que vaya uno a saber con qué van a llenar. Como el macrismo no entiende por qué tanta historia con bares viejos y nadie tiene tiempo o paciencia para crear un marco legal claro, seguimos en la misma: cada cambio de propietario de un Bar Notable es una emergencia, puede ser un desastre y termina en una discusión.

Como se ha comprobado con gran claridad en seis años de gestión, el ministro de Cultura Hernán Lombardi entiende su cartera como una expresión de su especialidad, el turismo (entre otros emprendimientos, tiene el Bus Turístico y una tanguería inmensa). Lombardi aterrizó en Cultura para salvar el papelón de Mauricio Macri, que simplemente no tenía una figura cultural en el PRO, y en ese sentido hizo un buen trabajo. Pero no es un hombre de la cultura en ningún sentido discernible y su sordera se le nota.

Por ejemplo, en estos casos de colisión entre el derecho de un privado a vender e irse de vacaciones –o jubilarse, o cambiar de rubro– y la necesidad de preservar un capital social cultural como es un bar de tremenda memoria como los 36. Ni Lombardi ni nadie en el macrismo parece entender siquiera de qué les están hablando, mucho menos tener una idea creativa para establecer un mecanismo creativo, flexible.

Con lo que se llega a la emergencia y la inmediata presentación de un proyecto de catalogación del bar por parte del bloque kirchnerista en la Legislatura. Lo presentado incluye una lista de contenidos que van de las arañas, las puertas de buena madera, los vitrales del frente, las mesas y taqueras, los mostradores –que pese a sus “techitos” con dicroicas son de buena madera y de época–, el cristalero, mesas y sillas, y sobre todo su fina, maravillosa boisserie. El lugar quedará así protegido en cuanto a su remodelación, vaciamento o remoción, pero no a su futuro. Aquí es donde Cultura debería intervenir creando un mecanismo de gestión de estos casos. La ventaja es que todo es chico, con lo que el verdadero jefe de Lombardi, el ministro de Desarrollo Urbano Daniel Chaín, no se va a enojar. Los 36 están ahí desde 1894 y perderlos, transformados en pizzería o local comercial, es una posibilidad que debería despertar al gobierno.

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