Esta protección “débil” prácticamente duplica el APH, que es mucho más pequeño de lo que uno cree.

el amortiguador incluye la catalogación de 300 edificios y puede evitar o complicar futuros bodrios como el Quartier San Telmo, que destruyó toda proporción en la esquina grande de Garay y Piedras. Esto no pasó desapercibido y se hicieron escuchar las voces de siempre. Por ejemplo, el director general del Casco Histórico, Luis Grossman, rezongó como siempre –en Clarín– contra la protección y alertó contra el supuesto “peligro” de crear una zona paralizada. Que Grossman esté a cargo del Casco Histórico es pintoresco, porque como arquitecto y como columnista de La Nación siempre mostró su fe en el hormigón como elemento modernizador, de progreso.

Más o menos hicieron lo mismo algunos inmobiliarios, aunque no todos porque en ese gremio saben que los precios de las propiedades son un indicio veraz de “paralización” o vitalidad. Algunos, especializados en torres, tronaron protestando, mientras que otros, especializados en vender edificios ya existentes, no se inmutaron.

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