La gran curiosidad conceptual que despierta la mala novela del subte A es cómo puede ser que el gobierno porteño se sorprenda por la oposición al cambio de vagones. Mauricio Macri y su gabinete entero ya nos tienen acostumbrados a un muy bajo nivel intelectual, pero sigue siendo notable que una y otra vez tropiecen con la misma piedra. El pobre de Hernán Lombardi improvisó una salida culturosa, ya que es ministro de Cultura, diciendo que los vagones históricos podrían ser usados como bibliotecas públicas en las plazas. No aclaró si estas bibliotecas van a estar al lado de los bares que quieren licitar, ni cómo las van a llevar a las plazas, ni cómo les van a improvisar baños, ni siquiera de dónde va a sacar los libros para poblarse. Por no mencionar que los vagones no fueron hechos para estar al aire libre y quedarían horrendos en las plazas.

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