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“La Pavada” (Por Página12)

December 18th, 2011 Leave a comment Go to comments

Una de las mayores tonteras vistas en los últimos años en esta ciudad –y esto es mucho decir– fue la sanción de un “tribunal de honor” aplicada por la Junta Central de Consejos Profesionales de Agrimensura, Arquitectura e Ingeniería contra el arquitecto Fabio Grementieri. La “falta grave” de Grementieri fue criticar con toda dureza a los colegas que maltrataron el Teatro Colón, lo que según esta Junta Central es contrario a la ética profesional. El papelón fue agravado con el tiempo, ya que se supo que mucho de lo que había señalado Grementieri como ignorancia, pereza y codicia era cierto nomás. El que lo dude, puede ir y comprarse de recuerdo una maderita del escenario del gran teatro…

El tema vuelve a cuento porque esa otra benemérita institución profesional que es el Consejo Profesional de Arquitectos y Urbanistas publicó el 29 de noviembre la sanción contra Grementieri en su página web. Al CPAU nunca se le pasó por la cabeza cuestionar la ética de los profesionales a los que se les caen edificios y matan vecinos por ahorrar costos, pero sí le parece grave que un arquitecto señale en público las barbaridades que comete gente que exhibe ese título. Tampoco le incomodó defender y seguir defendiendo a un grupo de arquitectos involucrados con el Colón que eran todos funcionarios públicos y deberían saber que esa condición acarrea ser criticado en público.

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  1. pablo zunino spitalnik
    December 19th, 2011 at 00:34 | #1

    Ninguna pavada

    El Master Plan del Teatro Colón debe cuentas claras y muchas explicaciones. Muchísimas. Y sabemos lo que son y cómo actúan las corporaciones profesionales. Y es lamentable que el CPAU haya cerrado la boca respecto de los desastres que se cometen con las demoliciones, con reciente y resonante caso de la calle B.Mitre, que seguro y lamentablemente no será el último en hacer caer hasta edificios vecinos.

    La política patrimonial del macrismo (y de anteriores gestiones tb) ha sido desastrosa. Pero para aclarar tantos, o dudas, respecto de las posturas públicas de FG sobre el complejísimo Caso Colón, no alcanza -como sostiene Kiernan- con ir a comprar las maderitas del escenario restaurado , que fueron vendidas como souvenir, otro lamentable episodio.

    Al menos en la carta de lectores publicada en el diario La Nación en 2008 y que motivó el pedido de un tribunal de éticapor parte de quienes se sintieron injuriados, FG no les dijo a los del Master Plan que padecían de “ignorancia, pereza y codicia”, como señala el periodista Kiernan, a quien respeto mucho, sino que les dijo “necios, soberbios e inexpertos”.

    Como indica un principio básico del periodismo, no se califica a las personas sino a las acciones que ellos cometen, sino se cae en la figura legal de injurias. Dicho en buen criollo: se las dio servida en bandeja por irse de boca.

    Hacer y sostener una denuncia con seriedad no es revolear cuarto adjetivos, sino sostener con pruebas e investigación periodística los hechos y las acciones que se denuncian, pero nunca calificar las personas.

    Encuentro otro error en la consideración que hace Kiernan respecto del caso: “Tampoco le incomodó (al CPAU) defender y seguir defendiendo a un grupo de arquitectos involucrados con el Colón, que eran todos funcionarios públicos y deberían saber que esa condición acarrea ser criticado en público”. En el texto publicado en la página de esa entidad queda claro que no eran todos funcionarios públicos sino solo uno de ellos. Y además, en la apelación de Grementieri y su abogado, transcripta en ese mismo escrito, FG intenta volver a atrás con lo que dijo e intenta sostener que no quiso referirse a las personas sino a sus acciones. Pero para ya no tuvo vuelta atrás: lo dicho escrito está, y de nuevo en su apelación volvió a dárselas en bandeja. Y convengamos que FG suele irse de boca con mucha facilidad y repetir errores.

    El año pasado publicó una impecable nota en adn La Nación sobre las tropelías que están haciendo con el patrimonio en Córdoba, pero de nuevo no pudo evitar injuriar, en este caso a la Comisión de Monumentos (aclaro que no la estoy defendiendo, desconfio mucho de la eficacia del accionar de ese organismo, las pruebas están a la vista: o llegan tarde o llegan mal). Resultado: de nuevo se las dio servida en bandeja, le sacaron un derecho a réplica donde lo dejan muy mal parado, a Grementieri nunca más le publicaron una nota en LN, donde además ya tenía el antecedente de haber publicado una nota que luego le vendió a otro medio (Caras y Caretas) casi textual en un 80 por ciento –no lo hizo por el dinero, deben pagar chauchas-, poniendo en peligro el trabajo de quien le encargó la nota de buena fe. Además, se perdió un valioso espacio para difundir la causa patrimonial.

    Pero hay algo más medular. Kiernan afirma que FG tuvo razón en todo lo que dijo. Y al menos el juez Scheibler, insospechable de ser macrista, en su primera cautelar fue contundente: rescató restauro de Sala, Salón Dorado y foyer y dijo que el desastre fue del escenario para atrás y con el patrimonio mueble (lamentable: la biblioteca está tirada en containers, sin inventario alguno, en un depósito del Gran Buenos Aires). Es una primera cautelar y veremos cómo sigue, pero difícil que un juez sea tan contundente en esa instancia procesal para después volverse atrás, y además desestimó la pericia de parte de FG, llena de verbos en potencial y de razonamientos tautológicos.

    Pero hay algo aún más medular. En su prédica machacante, FG sostuvo que el principal valor por preservar era la acústica del Colón. Y la acústica quedó preservada. Lo dijo hasta el mismo Plácido Domingo, que no fue precisamente concesivo en su postura frente al GCBA y la dirección del Colón cuando este gran músico y director de teatros de lírica medió en el conflicto con la sabiduría que da haber estado de los dos lados del mostrador; y lo dijeron respetadísimos críticos de música insospechables de connivencia con el macrismo y que le han tirado a éste con toda clase de justificados “ palos” por su política cultural. Y además, FG, no tiene ninguna clase de formación en temas acústicos ni en música, como se desprende de la lectura de su CV colgado en Internet, con lo cual está hablando de algo que desconoce absolutamente. Pero ubicado en el lugar de experto por los sectores más radicalizados en el largo e interminable conflicto del Colón, éstos tomaron a su palabra como santa y cundió el delirio colectivo de que la acústica del Colón estaba arruinada. Y es muy débil argumento para sostener eso que los del Master no publicaron las mediciones acústicas del antes y el después del restauro. Además del que el ingeniero Sanchez Quintana, encargado del asunto es una autoridad mundial en la materia, la escala internacional con la que dice FG nunca se compararon las mediciones, es hasta discutible científicamente.

    Quiero decir: es lamentable que un profesional como FG, autor de grandes libros y de fabulosas restauraciones y premiado internacionamente, haya sido sancionado. Y seguramente él hubiera realizado una restauración de mucho mayor nivel que la del Master Plan. Y la política del macrismo en material cultural es más lamentable aún. Pero FG no es pura víctima de esos sectores, sino que tb tiene mucha responsabilidad en que la sanción se haya consumado. No se puede ser tan irresponsable y decir cualquier cosa y de cualquier manera, sobre todo al enfrentarse con sectores y corporaciones tan poderosas, porque si no las cosas terminan como terminan.

    Eso es inmolarse y encima después irla de pura víctima, (FG sigue diciendo a quien escucharlo que los medios del establishment lo censuran simplemente por sus posturas, sin contar u ocultando todo lo demás que mencioné y que es comprobale con solo buscar en Internet en sitios oficiales). Y no se puede combatir a los desastres del macrismo fogoneando delirios colectivos, como que la acústica está arruinada.

    La historia es mucho más compleja de cómo la cuenta Kiernan, que entiendo que con buena voluntad trató de salvar lo que ya es insalvable. FG no es un héroe del patrimonio, sino alguien que cometió muchas torpezas y manipulaciones y quizás hasta quedó atrapado en el personaje de “denunciador mediático”. Jugarse a una estrategia estilo Jorge Rial se paga muy caro. Y lamento de nuevo que , con sus actos y decires públicos, le haya dado tanta pero tanta letra a ese gran depredador del patrimonio que es el macrismo.

    Nobleza obliga reconocerle que salió a hablar cuando muy pocos lo hacían, pero eso no justifica en cuánto contribuyó a que el Teatro Colón sea hoy el desastre institucional que es. La soberbia y la necedad , aun con las mejores intenciones, también pueden llevar a incendiarse en el infierno del fundamentalismo. También por eso, es muy desafortunado el subtítulo de Kiernan para referirse al caso: “La pavada”: no estamos hablando de ninguna pavada, sino de un asunto de lo más serio y complejo, con tan triste final.

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