Milagro por los cafés

Según parece, el pseudoministro de Cultura y empresario turístico Hernán Lombardi terminó haciendo lo que debería haber hecho hace rato e intervino con discreción para que los 36 Billares sigan siendo un bar. Intelectualmente no costó tanto, apenas aplicar la influencia poderosa del Estado para que el local pasara de una firma gastronómica a otra, como fue el caso del Bar Británico.

Extrañados por el discretísimo cambio de actitud del ministro, que públicamente se negaba a intervenir en cuestiones de libertad de comercio, la única explicación que encuentran los observadores es la presentación de la costumbre de tomar café como candidata a patrimonio inmaterial ante la Unesco, revelada en m2 del sábado pasado. ¿Será? La propuesta es realmente inmaterial, porque no propone a los cafés como patrimonio sino a la costumbre de beber café en ellos, no sea cosa que terminemos protegiendo edificios.

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