Floresta supo ser un barrio residencial con el comercio concentrado en sus avenidas, como debería ser natural y como tienden a hacer los tejidos urbanos. Pero está la ciudad de las fiebres, la del paddle y la del parripollo y la del vaya a saber qué más, con lo que Floresta cayó avasallada por los comercios de ropa, los brandpoint y los outlets. Los vecinos de Salvar Floresta, deprimidos por la constante agresión de obras clandestinas, cartelerías salvajes y demoliciones truchas, se transformaron en verdaderos vigías de irregularidades. Y acaban de encontrar una que es una perlita porque muestra que la actitud del gobierno porteño ya pasa de la incompetencia a lo que allá por Córdoba suelen llamar relajo.

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